Xi Jinping sintió cierta comodidad estando Donald Trump en la Casa Blanca porque al presidente estadounidense solo le gustaba hablar de dinero y nunca de derechos humanos.

Así lo revela John Bolton en su libro La habitación donde sucedió. “A los demás presidentes no les parecía apropiado hablar de dinero. Yo solo sé hablar de eso”, le comentó Trump a Bolton en alguna ocasión.

En junio de 2019 comenzaron las protestas multitudinarias en Hong Kong en contra de la ley de extradición con la que Pekín daría fin al mecanismo de “un país, dos sistemas”. Trump reveló su sorpresa al enterarse que un millón y medio de personas salieron a las calles a protestar el 12 de junio. “No quiero tener nada que ver. Nosotros también tenemos problemas de derechos humanos”, comentó el entonces presidente.

En el entrono de la relación bilateral, durante el inicio de las protestas en Hong Kong, se encontraba la negociación de un acuerdo comercial. Bolton le recomendó a Trump aprovechar la debilidad de China para sacar ventajas en el acuerdo. “Durante la visita al Reino Unido, el 4 de junio, en el trigésimo aniversario de la masacre de la plaza de Tiananmen, Trump se negó a enviar un comunicado de la Casa Blanca. (Steven) Mnuchin (secretario del Tesoro) le dijo que le preocupaban las consecuencias que podría tener el proyecto de comunicado en las negociaciones comerciales”, escribe Bolton. Trump no quiso publicar un comunicado, y algo más dijo el presidente: “Eso pasó hace 15 años -dijo, erróneamente-. ¿A quién le importa? Estoy tratando de cerrar un trato”.

El libro de Bolton narra la travesía de un personaje que dirigió durante cuatro años el destino de un país con los ojos cerrados y con las vísceras inflamadas. El pasaje sobre los uigures no tiene desperdicio. En diciembre de 2018 Wilbur Ross, en ese entonces secretario de Comercio, le dijo a Bolton que Trump no hablaría sobre la presión del Gobierno chino en contra de uigures (musulmanes que se asientan en Sinkiang). “En la cena inaugural de la reunión del G20 en Osaka (28 de junio de 2019), solo con los intérpretes presentes, Xi explicó a Trump por que estaba construyendo campos de concentración en Sinkiang. Según nuestro intérprete, Trump le dijo a Xi que siguiera adelante, porque eso era precisamente lo que debía hacer”.

Joseph S. Nye escribe que Biden “hereda una relación chinoestadounidense que se encuentra en su peor momento en cincuenta años” (sección finanzas globales de El Economista, 10 de febrero), pero le faltó matizar que Xi Jinping se sintió cómodo con Trump como interlocutor. Se sintió halagado cuando en voz de Trump escuchó: “Eres el líder chino más grande en los últimos trescientos años (…) El máximo líder de la historia de China”. Bolton rescata estas palabras bajo en el entorno de la negociación donde Trump le pide que compre más productos agrícolas con objeto de ganar votos en las elecciones presidenciales.

“Nos hemos hecho amigos. Mi viaje a Pekín con mi familia ha sido uno de los más increíbles de mi vida”, expresó Trump durante la reunión del G20 en Osaka.

Los halagos han de haber sonrojado a Xi Jinping. Estaba tan cómodo con Trump que le confesó un deseo: “trabajar con Trump por seis años más y este respondió que mucha gente en Estados Unidos creía que sería adecuado invalidar el límite de dos mandatos presidenciales”, escribe Bolton.

La noche del pasado miércoles y durante dos horas, el presidente Biden sostuvo su primer contacto con Xi Jinping.

Los dos presidente marcaron sus líneas rojas. El de China habló de soberanía; Biden lo hizo sobre derechos humanos. Xi Jinping habló sobre la integridad territorial de su país, el de Estados Unidos habló sobre los uigures. Dos agendas disímbolas.

Biden tiene menos de 30 días en la Casa Blanca, pero ha enviado varias señales sobre lo que será un vector que atraviese su gobierno: derechos humanos.

Es un tema con el que catapultará su imagen internacional.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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