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Votar: la hora de la verdad

Llevo meses revisando cuáles son las razones que tengo para votar por alguna de las opciones que nos ofrecen los partidos políticos. Las campañas no me han ayudado a inclinarme por nadie, ninguna persona de las elegibles me inspira esperanza ni confianza (hace mucho que no confío ciegamente en extraños). El ruido de las redes tampoco me ha ayudado a inclinarme por nadie, me exaspera la simpleza con la que se califica “a los rivales” por parte de quienes viven en la esfera de la política: por ejemplo, el solo hecho de que alguien plantee castigar al gobierno en turno despierta, entre los defensores del obradorismo, la máquina de epítetos: derechista irredento, defensor de mirreyes o, peor, mirrey absoluto. Por el otro lado, si alguien decide refrendar el apoyo que le dio a Morena en 2018, se convierte en una oveja tarada que sigue al mesías.
Qué duda cabe, lo primero que debemos hacer es apagar el ruido y tratar de entender el contexto. Yo lo veo así (me ayudaría saber cómo lo ven ustedes): los últimos cinco años han ido acompañados de formas de gobernar que considero antidemocráticas. Aquí ofrezco diez puntos que me llevarían a reprobar a Morena sin dudarlo, si no fuera por los que están del otro lado.
- Me preocupa la soberbia del presidente, su violencia contra quienes piensan distinto, el dedo flamígero con el que acusa e intenta destruir a los opositores (el trato a las madres buscadoras es grotesco). En esto Sheinbaum no se distancia de la soberbia.
- Me parece grave que la 4t haga todo lo que está en sus manos para ocultar información que debería ser pública (ocultar los análisis del agua contaminada en Benito Juárez es ridículo) a la vez que “presenta” otros datos a conveniencia.
- Me preocupa la impunidad: desde la falta de castigo a los culpables del derrumbe de la línea 12 del metro, hasta la incapacidad de juzgar y castigar a corruptos de administraciones pasadas y de la actual (me cuesta trabajo aceptar que mientras Carlos Imaz recibía fajos de billetes, Claudia Sheinbaum no sabía nada, si sabía es cómplice).
- Me preocupa la militarización de la administración pública. La cantidad de áreas entregadas a mandos militares.
- Me resulta alarmante la incapacidad de terminar con la prohibición de las drogas y la guerra contra el narcotráfico.
- Es grave su falta de acción para intentar recuperar todo el tiempo educativo perdido durante la pandemia. Los niños volvieron a clases como si no hubiese pasado nada.
- Aborrezco su relación de cercanía con la izquierda autoritaria latinoamericana.
- Me parece indignante que pretendan el uso de la aplanadora legislativa y nieguen el papel central de la democracia deliberativa. Creo en los contrapesos y ellos no.
- Me preocupa mucho que solapen a gobernadores como Salgado Pineda o Blanco Bravo.
- Su alianza con el Verde es vil. En fin, si votar por ellos es aprobar todo esto, no podría hacerlo.
Pero claro, como ya adelantaba, el cálculo es más complejo debido a que del otro lado están los mismos a los que me urgía echar del poder hace seis años. Y me urgía por una larga lista de motivos muy similares a la que esgrimo contra Morena.
Reprobar a Morena es votar por ellos, ¡trágate ese sapo! En fin, a menos de veinte días de acudir a las urnas, sigo sopesando las razones que habrán de motivar mi voto. De lo único que estoy seguro es de que iré a votar.

