Del cúmulo de resultados electorales registrados ayer destacan dos pérdidas: la que sufre el PAN en Aguascalientes y el PRD en Zacatecas.

Ambas entidades regresan al dominio del PRI después de 12 años de gobiernos de la oposición.

En Zacatecas, la fractura de las izquierdas explica la derrota. Una suma aritmética de los porcentajes obtenidos por el PRD y el PT muestra claramente que juntos habrían derrotado al PRI, aunque con un margen estrecho. La inquina de los Monreal Ávila en contra de la gobernadora Amalia García y su hija, la senadora Claudia Corichi García, dio resultado. Un derrotado, adicionalmente, es el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon, cuyas gestiones para lograr que la gobernadora García y el senador Monreal -ahora militante destacado del PRD- llegaran a un acuerdo, fracasaron una y otra vez.

En Aguascalientes pasó lo mismo: la división entre los panistas terminó por por beneficiar al PRI. El presidente nacional del PAN, César Nava, se empeñó en que su partido postulara a Martín Orozco y marginó de la decisión al gobernador Luis Armando Reynoso Femat, quien aun antes ya se había convertido en uno de los peores enemigos de la propuesta blanquiazul.

Miguel Alonso, en Zacatecas, y Carlos Lozano de la Torre, en Aguascalientes, hicieron los suficiente para obtener el triunfo. Y contaron con el apoyo (material y económico) de los gobernadores de Nuevo León, Rodrigo Medina, y de Coahuila, Humberto Moreira Valdés, para conseguir su objetivo. En ambas entidades hubo carro completo: el PRI tendrá el control absoluto de los órganos legislativos y las alcaldías de los municipios más importantes. A pesar de estas dolorosas derrotas, los dirigentes nacionales del PAN, César Nava, y del PRD, Jesús Ortega, han cantado victoria. Lo dicen a la luz de los resultados que obtuvieron en Oaxaca, Puebla y Sinaloa. En el corto plazo, se entiende, vendrán más coaliciones opositoras que involucren a esas fuerzas políticas, quizá al PT y a Convergencia. Estas uniones pragmáticas seguirán vigentes durante el 2011. Y entonces veremos candidatos de alianza en Guerrero y el Estado de México.

Sin embargo, hay dos elecciones que se oponen a esta lógica dominante: en Tlaxcala, por ejemplo, la declinación tardía de la perredista Minerva Hernández no sirvió para que la panista Adriana Dávila alcanzara el triunfo. Y en Durango, donde el petista Gabino Martínez también declinó en favor del expriísta José Rosas Aispuro, la derrota fue contundente. Allá mismo, por cierto, también hubo traiciones y fracturas. El último día de las campañas, el expresidente nacional del PAN, Manuel Espino, llamó públicamente a la base del blanquiazul a votar en blanco o de plano abstenerse. Eso -sostuvo- era mejor que votar por el candidato de la coalición PAN-PRD.

El revire provino de un destacado calderonista: el exsecretario de Turismo, Rodolfo Elizondo Torres, quien sin ambages llamó mozo de estribos del gobernador priísta, Ismael Hernández Deras. Los triunfos de los candidatos opositores en Puebla, Oaxaca y Sinaloa parecen corresponder al deseo de la ciudadanía de esas entidades de una alternancia en el gobierno. Parece comprobarse que si se trata de romper la hegemonía del PRI, ésa es la fórmula correcta. Vienen ahora otro tipo de problemas ¿cómo serán estos gobiernos sin un color definido? ¿Plurales, incluyentes? Al final, quienes ganaron tienen un innegable pasado priísta.

EFECTOS SECUNDARIOS

PADRINOS. Manlio Fabio Beltrones, el líder de los senadores priístas, se apersonó desde el viernes 2, por la noche, en Aguascalientes. Estaba al frente de un grupo de observación electoral que, gracias a su fuero, ni necesidad tuvo de registrarse ante las autoridades electorales. Vino a proteger a Carlos Lozano de la Torre, junto con el alcalde de Acapulco, Manuel Añorve, y del vicepresidente de la Mesa Directiva del Senado, Francisco Arroyo Vieyra.

Josefina Vázquez Mota se apersonó en Tlaxcala para respaldar a su excompañera de bancada, Adriana Dávila, y hasta ofreció una conferencia de prensa para justificarse: iba en su carácter de delegada especial del CEN panista y no como legisladora, para dar seguimiento al desarrollo de las votaciones. Fuera de su feudo, marcaron pertenencia. Esos gobernadores serían suyos. Aliados incondicionales. Hubo otros líderes partidistas que, en cambio, fueron a rifársela en serio, como los legisladores Gabriela Cuevas, del PAN, y Jesús Zambrano, del PRD, quienes prácticamente se multiplicaron en funciones para meter en la contienda a Xóchitl Gálvez en Hidalgo.

Allá cada candidato y sus padrinos. El veracruzano Javier Duarte se deja ver con José Murat y Enrique Jackson. ¿Ése es el nuevo rostro del PRI?

Al mediodía del superdomingo de elecciones, los líderes de los partidos están en el Distrito Federal. Allí revisan los reportes de las encuestas de salida y ordenan que haya más movilización. Será hasta la noche cuando se desplacen para levantar el brazo de sus candidatos, cantar triunfos que no están plenamente sustentados y enviar mensajes a sus adversarios: o reconoces el triunfo o incendiamos el estado.