De todo el gabinete de Peña Nieto fue Luis Videgaray, según mi modesta opinión de ciudadano de banqueta –que no es lo mismo que político de banquete–, el más preparado e inteligente, por eso ocupó los cargos de Vicepresidente con título de secretario de Hacienda y, según sus propias palabras, aprendiz de Canciller, con derecho de picaporte en Los Pinos, en la oficina de Kushner y en todo lugar.

Podría decirse que don Luis iba rumbo a las alturas, cuando se le atravesó un escándalo mediático: compró una casa de descanso en Malinalco, mediante un acuerdo, muy favorable para él y con una forma inusual de pago. La casa se la vendió una constructora con una estrecha condición contractual con el gobierno. Ante el evidente conflicto de interés, bajaron sus bonos para un posible dedazo.

La pérdida total de sus aspiraciones a conseguir la candidatura priista para sustituir –de manera institucional– a Peña Nieto, vino poco después cuando a través de su amigo Jared Kushner, yerno del candidato a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump y con la aprobación del primer mandatario, invitaron al magnate candidato, denigrador de los mexicanos, a Los Pinos donde, el 31 de agosto del 2016 se le trató como Jefe de Estado; cosa que, en su momento, fue criticada por propios y extraños. (Los propios criticaron en voz baja; a los extraños, como recomendó el clásico, ni se les ve ni se les oye).

La negativa opinión sobre la visita del supremacista candidato blanco (de las críticas) subió de tono y volumen al grado que don Luis tuvo que renunciar a la Secretaría de Hacienda. Las vacaciones fueron cortas, suficientes para reaparecer, con la barba larga, en el gabinete como secretario de Relaciones Exteriores donde permaneció hasta terminar el sexenio.

Ayer los nombres de Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto volvieron a los primeros planos en los medios de comunicación. La Fiscalía General de la República dio a conocer que con el respaldo de recibos, un video y cuatro testigos, el presunto delincuente Emilio Lozoya, alias “Emilio L”, acusó a Peña Nieto y a Videgaray de ordenarle distribuir  504 millones de pesos, provenientes de sobornos, para la campaña presidencial del 2012, así como para comprar votos de legisladores durante la aprobación de las reformas estructurales de los años 2013 y 2014.

Pienso que a Peña Nieto le van a hacer los mandados –aunque se queden con el cambio. El primer delito, el electoral, 100 millones destinados a su campaña, ya prescribió. Los 404 millones de pesos destinados a la compra del voto de los legisladores y de un secretario de Finanzas de un partido político, para que aprobaran sus reformas, no ha prescrito, pero el artículo 108 de la Constitución, hasta el 27 de marzo del 2019, determinaba lo siguiente: “El Presidente de la República, durante el tiempo de su encargo, sólo podrá ser acusado por traición a la patria y delitos graves del orden común”. Como las leyes no tienen carácter retroactivo, y dar o recibir sobornos no se considera traición a la patria ni delitos graves del orden común, Peña Nieto está exonerado. En cambio su mano derecha, Videgaray, se salva del delito electoral ya caducado. No así de la segunda falta que para él está vigente.

Si durante su proceso “Emilio L” comprueba que sus dichos son ciertos, los legisladores, el secretario de Finanzas –todavía no se saben los nombres de éstos ni el partido de aquél– y Luis Videgaray Caso, serían sometidos a juicio y podrían caer en la cárcel. Así pues, Videgaray puede ser un chivo expiatorio de lujo.

También leí que Felipe Calderón puede estar acusado de un contrato con Etileno XXI que favoreció a Odebrecht. Creo que está exonerado. A Felipe le preocupa García Luna en Estados Unidos, por eso anda rápido y furioso echándole bronca a AMLO. Ya hablaremos.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.