México está negociando con Nicolás Maduro y la oposición venezolana un escenario de mediación para intentar buscar armonía entre ambas partes.

Ese sería el objetivo de un país mediador: buscar armonía a través de la diplomacia.

La embajadora Martha Bárcena reveló, además de que México podría ser la sede de la mediación, el posible contenido de la agenda de negociación: “También se buscarían los mecanismos para la “reinstitucionalización” del país, y acordar un cronograma para el levantamiento de sanciones de conformidad con el progreso en otras áreas” (El Heraldo de México, 29 de junio).

“Las aguas se mueven en Venezuela. Ojalá que México juegue un rol de unidad en esta nueva etapa”, comentó la embajadora, y agregó que en agosto sería el inicio de la negociación.

El primer elemento que deberá ofrecer el gobierno de México para la mediación es la imparcialidad. Reconocer de facto la legitimidad de las partes negociadoras: Nicolás Maduro, la Asamblea Nacional y la oposición.

Parece sencillo, pero no lo es. Tenemos, por ejemplo, el caso del secretario general de la OEA, Luis Almagro, un funcionario que eligió levantar pancarta para una de las partes del conflicto venezolano cuando la misión de su puesto es la imparcialidad. Almagro quemó los puentes de la OEA.

Porfirio Muñoz Ledo escribió: “El único avance sustantivo ha sido extraer el problema de la jurisdicción de la OEA, cuyo Secretario General ha echado sistemáticamente leña al fuego y cuyo Consejo General ha cerrado filas hacia una derecha intransitable” (El Universal).

Resulta irrebatible que el Gobierno de Donald Trump dificultó las posibilidades de solucionar la crisis venezolana. “Estados Unidos está poniendo una pistola en la sien del régimen venezolano a la voz de “te vas o te saco””, escribió el diputado Porfirio Muñoz Ledo.

El diputado elaboró un paralelismo entre Maduro y Sadam Husein: “Maduro se encuentra en una situación semejante a la de Sadam Husein, que era acusado sin pruebas de poseer armamento nuclear. El presidente venezolano no podría —en la situación actual— aceptar su deposición por la vía de elecciones amañadas y de la intervención abierta en su territorio a través de la disfrazada “ayuda humanitaria””.

Sobre el tema de la mediación, mucho nos ayudaría ahora imaginar un proceso semejante al de Contadora, donde se incluyera a países de la región y a otros con intereses en ella. El trabajo del gobierno de México es acercar posiciones de los actores principales. Por lo que hemos visto en los últimos años, han sido incompatibles y han contenido contradicciones insalvables.

Otra diputada, en este caso de Movimiento Ciudadano, Pilar Lozano, dijo a El Economista que lo correcto para el Gobierno de México es la no intervención militar. Lo mencionó hace un año, cuando todavía sonaban los tambores de guerra desde Washington.

Ahora el entrono ha cambiado. Maduro ha reconocido la dura crisis que enfrenta su país por las sanciones que pesan sobre su gobierno. Los trascendidos hablan de que él podría organizar elecciones regionales limpias a cambio de un desmantelamiento de las sanciones.

Por lo pronto, esperemos que en agosto el gobierno de México anuncie el inicio de las negociaciones entre Maduro y la oposición.

Faltan pocas semanas, pero todavía hay tiempo para que puedan ocurrir algunos eventos que retrasen el inicio de la negociación.

América Latina está pasando por momentos complejos, lo mismo económicos que políticos. La región requiere corregir el rumbo.

Iniciemos con Venezuela.