El otro día conversaba sobre telecomunicaciones con un periodista costarricense, un analista mexicano y el director de un portal de medios argentino. La conversación, como todas con este perfil de protagonistas, se centró en comparar y contrastar las distintas realidades de este sector en la América Latina.

Obviamente, el tema del crecimiento de la banda ancha móvil surgió casi al inicio. Las preguntas, más allá de centrarse en cobertura o número de líneas, estaban centradas en la viabilidad de muchas aplicaciones en la región y la llegada de teléfonos de último modelo. Una queja inesperada fue escuchar la denostación de iniciativas gubernamentales dirigidas a incrementar los impuestos por utilizar 3G o 4G en el celular.

¿Acaso el objetivo de incentivar la inversión millonaria de los gobiernos por medio de sus planes nacionales de conectividad no es masificar el uso de la banda ancha? ¿Por qué más impuestos a telecomunicaciones? Los comentarios recibidos eran muy similares: Todos saben que el usuario latinoamericano es altamente elástico en su consumo de servicios, esto es in entendible. Utilizarán menos banda ancha en cualquier plataforma, es una contradicción.

En otras palabras, si se incrementa el precio de los servicios de telecomunicaciones, millones de personas de bajos ingresos en la región se verán forzadas a reducir su consumo mensual de estos servicios. Yo estoy de acuerdo: es quitar incentivos a utilizar servicios de Internet para otros fines que no sean para comunicación o entretenimiento.

El costarricense se quejaba de las bajas velocidades en promedio que se obtienen en conexiones alámbricas de banda ancha en su país; hablaba con añoranza sobre lo que había observador en el DF y Buenos Aires. Los otros lo miraban con cara de incrédulos al mencionarle los altos niveles de adopción de nuevas tecnologías que tiene Costa Rica, lo bien estructurado de su marco regulatorio de telecomunicaciones y los pocos impedimentos para importar infraestructura que tienen los operadores de su país.

El argentino, por su parte, mostraba preocupación por el momento de incertidumbre jurídico que experimenta su país, donde no se sabe con exactitud cuáles son las reglas a cumplir por los distintos actores y todo parece indicar que los próximos meses estarán llenos de numerosos procesos judiciales que busquen definir los parámetros de acción del gobierno y cuáles son las normas que regulan al sector aún en vigencia. Tampoco disimula su nostalgia, por lo que desde lejos ve en el IFT mexicano un organismo autónomo donde sus comisionados son expertos en temas del sector.

El analista mexicano, mientras tanto, se entusiasmaba en conocer más sobre los avances en la industria satelital argentina, el plan Conectar Igualdad y la estrategia gubernamental para la oferta de contenidos televisivos en el país sudamericano. Algunas de sus preguntas se centraban en el tema de la televisión digital en un mercado con los niveles de adopción de televisión de paga más altos de América Latina, o sobre cuáles habían sido los catalíticos que en menos de un año habían llevado a la Argentina a ser uno de los líderes en adopción de LTE en toda la región.

Claro que hubo un punto en el que todos estuvieron de acuerdo: el posicionamiento de la convergencia como cura de todos los males del sector, sobre todo cuando el término se usa erróneamente, sin pensar las consecuencias de lo que se está comentando en un mundo en el que cada vez hay más IP; o simplemente ignorar otras realidades. En este sentido, el analista le dice al director de medios: ¿Sabías que en México alaban las iniciativas del nuevo gobierno en torno de la convergencia? ; el argentino le responde: ¿Saben que atrasan la oferta de TV por los operadores por dos años? . Y el tico resumía el intercambio al decir: políticos .

*Director para América Latina y el Caribe de 4G Américas.