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Un presidente en campaña

Aun cuando la ley electoral dice que las campañas para la presidencia inician el 1 de marzo del año de la elección, la realidad es que desde el primer día del sexenio el presidente, López Obrador, inició la campaña para la sucesión de 2024.
Desde el primer día se enfrentó a los partidos de oposición y se confrontó con los medios de comunicación, periodistas, analistas e intelectuales políticos. Sabía que estaba sembrando enemigos, pero también que ellos serían sus principales críticos y opositores políticos y sus contrincantes en 2024.
Dividió al país con su discurso entre liberales que apoyaban el cambio y conservadores que querían regresar al pasado. El enfrentamiento entre el presidente y sus críticos u opositores en estos cinco años ha sido brutal y no ha pasado un sólo día en que el choque verbal no esté presente.
Convocó a dos consultas, una para juzgar a los expresidentes y otra para la Revocación del Mandato, sabiendo que no tendría ninguna validez porque no se iba a conseguir el mínimo de participación que se requería para que tuviesen efectos constitucionales, sin embargo, lo hizo para mantener vivo el enfrentamiento y, sobre todo, para movilizar a su gente y a su partido con la intención de prepararlos para la movilización de la elección presidencial en 2024. La oposición, como ha pasado durante todo el sexenio, nunca entendió cuál era la estrategia y el objetivo de López Obrador con las consultas y en lugar de participar les hizo el vacío y le dejó la cancha política libre.
Nunca había habido un sexenio tan polarizado políticamente entre el gobierno, la oposición y los medios de comunicación como éste, sin embargo, la crítica nunca ha afectado realmente la imagen del presidente. López Obrador parece estar blindado ante la crítica, por eso ahora, digan lo que digan los candidatos o candidatas de oposición, no van a afectar una imagen que ha estado en medio de la crítica de los principales periodistas, analistas e intelectuales del país durante cinco años.
A esta realidad se enfrenta la oposición, no hay nada que no se haya dicho sobre la seguridad, la economía, la salud y la democracia que pueda decir la oposición que no se haya dicho ya. La oposición tiene que entender que si su discurso va dirigido contra López Obrador no tiene posibilidades de tener éxito.
La nueva estrategia de Xóchitl parece que va en esa dirección y lo más seguro es que fracase ante el blindaje del presidente. No es lo mismo con Claudia Sheinbaum, ella no goza del anillo protector de que goza López Obrador. La oposición más que enfocar sus baterías contra el presidente debería dirigirlas contra Sheinbaum y a los resultados de este gobierno en ciertas áreas como seguridad, educación, salud, entre otras.
Las campañas no se ganan con críticas, se ganan con propuestas para resolver problemas que enfrenta la gente, propuestas que contrasten con los resultados del gobierno actual. La gente no va a cambiar su voto por críticas a López Obrador o a su gobierno, sino por propuestas que signifiquen una mejoraría y un contraste entre lo que hizo este gobierno y lo que propone la oposición.
Cada seis años la gente tiene que decidir si apoya la continuidad o el cambio, en todas las encuestas la gente dice que quiere la continuidad, por lo que, si la oposición no logra convencer a la gente de que les conviene el cambio, la elección la tienen perdida.

