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Un pantano llamado Brexit
Ciudadanos europeos no se sienten representados en la UE.
L o que comenzó como una ocurrencia del entonces primer ministro del Reino Unido, David Cameron, y que se tradujo en un referéndum marcado por la desinformación, la apatía de los jóvenes votantes y la pasividad de la Unión Europea, hoy es un callejón sin salida donde la incertidumbre es la constante en un proceso de retirada del Reino Unido de la Unión Europea en el que todos pierden.
Dos años y medio después de que los ciudadanos británicos le dieron el sí al llamado Brexit, podemos afirmar que esa expresión de euroescepticismo no es aislada y mucho menos es una causa, sino más bien una consecuencia de una serie de malas decisiones de las cuales también es corresponsable la Unión Europea, entre ellas una errática gestión de una crisis económica que se extendió por más de una década y donde las medidas de austeridad impuestas desde Bruselas castigaron de manera excesiva a los ciudadanos de a pie, mientras se observaba la condescendencia con las instituciones financieras que fueron parte causante de la especulación que derivó en una debacle económica mundial.
Europa, sin liderazgos
La encuesta de opinión anual de primavera, conocida como Eurobarómetro, en su edición del 2018, revela que los ciudadanos europeos piensan que sus Estados están bien representados en la Unión Europea, mientras ellos, como individuos, no lo están. También esa medición refleja que la mayoría de los europeos no ve una amenaza en los partidos políticos antisistema e, incluso, los consideran una alternativa para resolver sus problemas.
En una Europa carente de liderazgos y que ha extraviado sus valores fundacionales, alejando con ello a los ciudadanos, persiste el ascenso de expresiones políticas extremistas que causan sobresaltos en cada proceso electoral que se lleva a cabo en buena parte de los países miembros de la Unión Europea. Dar por hecho que las bondades del proyecto comunitario deben ser reconocidas y aceptadas en automático por los ciudadanos ha sido un grave error.
La relación entre la Unión Europea y el Reino Unido vive días cruciales. La primera ministra británica Theresa May tiene el tiempo contado. Ha presentado un Plan B que está lejos de convencer a Bruselas y que ya provoca resistencias en el Parlamento de Westminster, que la semana pasada le espetó un histórico revés y que el 29 de enero votará su nueva propuesta. El margen de maniobra es muy estrecho y la clave estará en la cláusula sobre la situación de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda.
Revertir el Brexit es jurídicamente posible, según lo ha resuelto la Justicia Europea. Un segundo referéndum, o bien aplazar la fecha de salida, señalada para el 29 de marzo, también. May reniega de estas alternativas, mientras la sombra de un Brexit sin acuerdo, con múltiples e incalculables daños colaterales, se cierne sobre Europa.
Hoy está en riesgo no solo la calidad de la relación entre la UE y el Reino Unido. Está en riesgo la credibilidad del proyecto europeo en su conjunto.
*Analista y consultor. Especialista en temas europeos.