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Opinión

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Un dinosaurio en la asamblea general de la ONU

Hay dinosaurios inteligentes y con visión de futuro y los hay que se han quedado en el pasado, justo antes de la caída del cometa en Yucatán o de 1980 que para el caso da igual.  En días recientes, en medio de gran expectación y miedo, se abrieron las puertas del salón de la Asamblea General de la ONU para dejar entrar a un dinosaurio que dirigió un mensaje a la humanidad. Pronto, veremos como esas mismas puertas se abrirán para dejar entrar a otro dinosaurio, pero del que ya sabemos lo qué dirá. 

El primer dinosaurio, Frankie, un velocirraptor, habló en varios idiomas. En inglés su voz era la del actor Jack Black; Nikolaj Coster-Waldau (Jaime Lannister) le dio habla en danés; en español su voz era la de la actriz mexicana Eiza González y muchas personas más que colaboraron para darle un lenguaje agudo e inteligente. El segundo dinosaurio hablará con la voz monótona que ya le conocemos, con las mismas 200 palabras que se sabe y repite, señalando obviedades y hablando de cosas que no sabe o no ha hecho. No sería extraño que mencionara a algún personaje como Mussolini o hablara de que la solución planetaria es destruir las selvas y los bosques para sembrar árboles frutales. 

Frankie empezó su alocución con una frase inteligente: “Sé un par de cosas sobre la extinción…” Sí, hay que reconocer que existen dinosaurios que aprendieron de su experiencia. Pero no todos, el segundo dinosaurio, al que llamaremos Andy, para simplificar, ya sabemos que, como buen saurio, hablará del cariño que le tiene a las energías fósiles, después de todo, puede ser que se trate de sus antepasados. 

Frankie continuó: “… déjenme decirles, aunque sea obvio, que extinguirse es algo malo. En 70 millones de años es la cosa más ridícula que he escuchado jamás [se refería a los subsidios a los combustibles fósiles] … Nosotros, al menos, teníamos un asteroide, pero ¿cuál es su excusa?”. Andy, en cambio no necesita ocultar sus predilecciones sobre la forma antigua de hacer las cosas (OJO: no todo tiempo pasado fue mejor y si lo parecía es muy posible que sea un engaño de nuestra mente) y su desconfianza hacia las tecnologías nuevas que pueden producir energías limpias. Después de todo, pensará Andy, no podemos extinguirnos porque tenemos una gran reserva de valores y el pueblo es bueno. 

Pero Frankie, Andy y Glasgow se quedaron cortos. El problema no sólo es la dependencia a los combustibles fósiles o la liberación de metano a la atmósfera. Andy hablará de la desigualdad y la corrupción y tendrá razón, pero lo hará desde una posición que en la práctica no tiene sustento: entre su clan la corrupción sigue imparable y la desigualdad no puede ser derrotada por programas asistenciales. Los herbívoros seguirán en manos de los carnívoros. 

En la guerra entre la economía real y las metas medioambientales siempre gana la primera. Las masas humanas en los países desarrollados no quieren cambiar su estilo de vida y en los países pobres no tienen muchas oportunidades para hacerlo. Se vive para sobrevivir. En las democracias, los gobiernos no quieren contravenir a sus votantes así que les proponen metas fáciles de lograr, pero insuficientes. No hay que ser impopulares porque, entonces, otro ganará las elecciones.  Por otro lado, en los países sin democracia el asunto no les importa, no lo entienden o señalan que son imposiciones de las naciones ricas. 

No se pueden fijar metas suponiendo que todos los países pueden hacer el mismo esfuerzo, no mientras las corporaciones se desplacen al llamado Tercer Mundo para hacer lo que quieren mediante sobornos o presiones políticas y económicas. Países desarrollados vigilan al interior de sus fronteras, pero defienden a sus empresas y su acción depredadora en otros lugares. Hablando de empresas hay que decir que las ganancias están antes de los compromisos. A pesar de que tiene los recursos para cambiar, sus acciones son más bien para aparentar que están comprometidos con la lucha por aminorar los efectos del cambio climático. Personas, masas, empresas y gobiernos lentos para comprometerse, remolones para cumplir. Se recurre a hacer acuerdos y firmar compromisos que no se lograrán.

El escenario de la COP26 y los resultados que se están obteniendo son suficientes para unos. Hay grandes discursos alarmistas, pero pocos resultados. Greta Thunberg, la activista sueca, dij que la cumbre del clima de Naciones Unidas COP26 "es la más excluyente" jamás celebrada y un escaparate para los países ricos. Tiene razón, pero, paradójicamente, la historia nos ha demostrado que los avances más firmes son los que se obtienen con pequeñas victorias.

El problema es que en este asunto del cambio climático comenzamos tarde y hacemos poco. Hay pocos Frankies y muchos Andys. Mala cosa. 

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