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Opinión

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Ucrania, de nuevo, epicentro de la geopolítica mundial

Durante los primeros meses de 2022 Ucrania ha vuelto a ocupar las primeras páginas de la prensa internacional y lo ha hecho, una vez más, ante la posibilidad de una nueva crisis provocada por la concentración de fuerzas rusas en su frontera oriental.

Esta situación ha recordado a la opinión pública internacional la existencia de un conflicto en la región del Donbas que sigue abierto desde el año 2014. Un conflicto al que poco o ninguna atención se le ha prestado desde que en 2015 se firmaron los acuerdos de Minsk por los que se decretaba un alto al fuego entre las partes. Alto el fuego que, por cierto, ninguno de los contendientes a respetado durante estos siete años de guerra.

Tanto entonces como ahora lo que se encuentra en juego no es la conquista de un territorio por parte de la Federación Rusa. Lo que está encima de la mesa es la impugnación por parte de Moscú de la actual arquitectura de seguridad europea construida a sus espaldas desde el fin de la Guerra Fría.

Los años noventa fueron años de extrema debilidad para Rusia. Fueron aquellos años en los que el gigante euroasiático se vio abocado a una suerte de reconstrucción tras la caída de un modelo político, social y económico que había fracasado ante su antagonista, Estados Unidos. Durante ese periodo de tiempo, sin embargo, el mundo, lejos de paralizarse a esperar a su recuperación, prosiguió su camino. Y su camino incluyó territorios sobre los que Moscú consideraba que tenía patente de corso por razones tanto históricas como afectivas.

Tras una larga travesía que ha incluido dos guerras, la de Georgia en 2008 y la de Ucrania de 2014 y una anexión, la de la península de Crimea, Moscú persiste en alcanzar sus objetivos por todos los medios a su alcance. Y esos medios no son otros que los hidrocarburos y la fuerza militar. La estrategia rusa en la crisis actual se ha sostenido sobre ambos. Por un lado, forzando a la OTAN (y a Washington) a sentarse a la mesa de negociación ante una potencial escalada en Ucrania. Es importante recordar que el Consejo OTAN-Rusia no se había reunido desde 2019, si bien no abordaba cuestiones de índole político desde 2014. En esta ocasión, sin embargo, parece que se ha abierto la puerta a la negociación en materia de control de armamento y al despliegue de armas convencionales. Por otro lado, el temor a un potencial corte de gas ha inquietado de manera considerable a las cancillerías europeas, especialmente a Alemania que, en caso de una agresión, se vería obligada a no abrir el North Stream II.

Pero quizás lo que más cabría destacar de las semanas de tensión ha sido la guerra de desinformación y propaganda de la que han hecho gala ambas partes. Si bien este instrumento ha sido utilizado con más o menos intensidad en el pasado, lo sorprendente, en esta ocasión es la manera en que lo ha utilizado Estados Unidos para crear una absoluta sensación de alarma a escala internacional. Así se han filtrado informaciones a través de los medios de comunicación que han llegado a alcanzar cotas surrealistas, siendo, quizás, la más llamativa de todas el anuncio del día exacto de la invasión del territorio ucraniano respondida de forma desafiante desde Moscú con el repliegue, un día antes, de parte de sus tropas a sus cuarteles dejando en evidencia tal afirmación.

No parece, sin embargo, que las tensiones vayan a finalizar. Más bien se puede afirmar que este es un episodio más de este pulso al que todavía le faltan muchas tramas por resolver.

*Profesora en la Universidad Complutense de Madrid.

@RFT2

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