Trump se escapa hacia su segunda victoria presidencial, porque nunca ha abandonado la campaña electoral.

Su estrategia es clara: no gobierna para comunicar, comunica para gobernar en la era de la hipertensión comunicativa.

En la esfera pública, el presidente de Estados Unidos ha sabido incrustar en Washington la Trump communication machine, una maquinaria de guerra donde la propaganda es autoritaria (Jason Stanley) y las redes sociales son imperio.

No tuitea para entretenerse, lo hace para construir un campo de batalla donde los demócratas suben a escena donde Trump manda.

El presidente entiende que la mayor parte de los estadounidenses cree que está informada cuando sólo está entretenida.

“¿Y si el entretenimiento en forma de información no fuera sino propaganda?”, se pregunta Miquel Pellicer en su libro La comunicación en la era Trump.

Jason Stanley, filósofo estadounidense, profesor en la Universidad de Yale y autor de How Propaganda Works (Cómo funciona la propaganda), califica la propaganda de Trump como “autoritaria”. Ésta es una forma de comunicación en la que Trump recurre a la ficción a través de una narración que explica por qué los problemas de grupos enteros de personas tienen un origen simple y una solución aún más simple. Para Stanley, “Donald Trump está tratando de definir una realidad simple como un medio para expresar su poder. El objetivo es definir una realidad que justifique un sistema de valores construido por su audiencia” (The New York Times, 4 de noviembre del 2016).

En el 2016 la interpretación que los jugadores de la democracia liberal hicieron sobre la candidatura de Trump fue errónea. Stanley escribió lo siguiente cuatro días antes de la elección de noviembre del 2016: “Tal vez nuestros medios de comunicación, así como nuestra clase académica, se supone que en una democracia liberal saludable no son susceptibles a la retórica autoritaria. Ahora sabemos que esta suposición es falsa”.

La conjetura que llegó al ver a Donald Trump en las primarias republicanas fue la siguiente: lo hace para incrementar el valor de marca de su nombre y busca maximizar el valor presente neto de sus inversiones. Trump es un showman porque disfruta la atención de la gente.

Parecía un chiste. No lo fue. Y si lo es, resulta ser un buen chiste para millones de estadounidenses.

Trump se perfila hacia la reelección también, gracias a los errores de los demócratas. Nancy Pelosi aseguró durante el primer trimestre del año pasado a The Washington Post que no le gustaría llevar a juicio político a Trump, pero terminó haciéndolo sabiendo que las acusaciones son débiles frente a la naturaleza de Trump: una especie de huracán que descarga mentiras y desacredita a sus rivales.

Los demócratas piensan como políticos, pero Trump ha creado un entorno en el que la política ortodoxa no cabe. Biden y Sanders no entienden que su oportunidad ya pasó. Buena noticia para Trump.

Durante el discurso del estado de la Unión, Trump dejó con la mano extendida a Pelosi. No cambió. Siempre degradando la figura presidencial. Quien cambió fue Pelosi al romper la transcripción del discurso presidencial. Imagen de una derrota por adelantado.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.