El servicio de transporte colectivo, es decir el conocidísimo Metro, es símbolo de progreso y crecimiento urbano. Es una herramienta necesaria en la rutina cotidiana de todo ciudadano para transportarse a cumplir sus labores diarias.  Existe en las ciudades más importantes del mundo y aunque no todos son efectivos, por lo general es un sistema actualizado con líneas organizadas, eficaces y con múltiples rutas. Reduce tiempos de traslado a pesar de las grandes distancias y a gran escala aumenta la calidad de vida de millones de personas alrededor del mundo.

Quizá pensemos que los sistemas más actualizados en tecnología son el de París o Nueva York. La realidad es que el Metro de la “Gran Manzana” ha funcionado hasta la fecha en gran parte con la infraestructura que data desde que empezó a operar en 1904. Sin embargo en la actualidad se encuentra en una etapa de continua innovación, pues hasta hace unos años aún contaba con la arquitectura y tecnología básica desde su origen. Ahora bien, el problema no es la infraestructura y la tecnología que cuenta con casi un siglo de existencia y que evidentemente se pensó para cubrir las necesidades y magnitud de usuarios en ese momento. Lo que tenía que evolucionar era la tecnología básica que optimiza la operación para adaptarse al flujo diario de usuarios, con los objetivos actualizados para la era presente.

CTBC o cómo la comunicación garantiza la operación

Desde hace siete años, el Metropolitan Transportation Authority (MTA), encargado de la administración del Metro de Nueva York, ha puesto en marcha el proyecto de Control de Tren basado en Comunicaciones (CTBC, por su sigla en inglés), el cual busca como principal objetivo modernizar el control de tráfico de trenes. Como su nombre lo dice, este proyecto se basa en la importancia de la comunicación para controlar el flujo de trenes, ¿cómo? Antes de este proyecto, el Metro funcionaba con una serie de bloqueos en las vías para que en el momento en el que un tren se detuviera, los que estuvieran detrás tomaran la distancia correspondiente, sin embargo, el sistema no era tan efectivo porque no era posible conocer la posición exacta del tren, así que era completamente reactivo. Con CTBC, la comunicación entre trenes y el panel de control es automática, además, permite saber con certeza la posición, velocidad y ruta de viaje de cada tren. Con esta precisión de información es más sencillo y detallado controlar el tráfico de trenes y por lo tanto, disminuir el tiempo de viaje. Actualmente ya está activa en el L Train y se está trabajando en la línea 7, aunque se espera cubrir todo el sistema. Quizá lo positivo de esta tecnología es que ha generado mayor confianza y consistencia en el servicio, pues la instalación es más simple, utiliza menos energía y no requiere mantenimiento constante porque el rango de error es mucho menor. No obstante, el valor de esta tecnología es que ha logrado responder al enorme crecimiento poblacional, sobre todo en una ciudad de la magnitud de Nueva York.

¿CBTC en México?

En la Ciudad de México, un ciudadano tarda en promedio dos horas y media en llegar y regresar del trabajo a su hogar, impactando directamente en su calidad de vida. Aunque utilizan distintos medios de transporte, es claro que gran parte de este problema es el sistema colectivo del Metro, pues en un buen día los vagones pueden demorar 3 minutos en llegar pero en uno malo pueden tardar 10, detenerse otros 10 en medio del trayecto o incluso, ser interrumpidos por lluvias.

El Metro de la CDMX tiene 64 años de brecha tecnológica con respecto al de Nueva York y aunque en lo más mínimo tiene un mal servicio, simplemente es insuficiente para los 4,284.198 millones de usuarios diarios registrados en el mes de junio del 2019. La gran diferencia entre ambos sistemas es que el Metro de la CDMX no está a la altura del crecimiento acelerado que hemos tenido en los últimos años, sin embargo resolver el problemas de transporte público en la Ciudad de México o en cualquier otra ciudad no sólo es del sistema de transporte subterráneo, sino de todo lo que implica transporte público que en el caso de la Ciudad de México no se ha destacado por ser de lo mejor.

Aunque nuestro Metro tiene ventaja por su buena organización en cuanto a la estructura de su sistema y la señalización iconográfica que piensa en las personas que no pueden leer, con una tecnología como CBTC garantizando la operación diaria, podría optimizarse, ser más práctico y funcional e incluso disminuir enormemente la contaminación. Si existe un control del tráfico de trenes basado en que todos estén comunicados para saber su posición y tiempo de viaje sin necesidad de adivinar, se reducirían los tiempos de traslado entre los viajes y los usuarios podrían llegar más rápido a su destino sin tener que destinar dos horas y media al día para su transporte.

Pensar en la calidad de vida de los ciudadanos es imperativo para una ciudad que busca constantemente el progreso y la implementación de nuevas tecnologías para el transporte público, es una gran manera de empezar. Es cierto que necesitamos más líneas para conectar los puntos más distantes de una ciudad tan grande, pero también es cierto que es muy importante optimizar las redes que ya tenemos para forjar una base que esté lo suficientemente fortalecida para seguir creciendo.