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Todavía Benedetti
Acercándose un poco, leyéndolo ahora por curiosidad, por culpa, por nostalgia, por recordar de cuando lo leíamos todo el tiempo, sabemos que fue un hombre de amores y batallas. Y las letras para él, pura poesía. Pero también una tregua y una ametralladora. Porque con sus palabras hizo homenaje a los desaparecidos, quiso acribillar las injusticias, recordar a los sobrevivientes y ponerle letra a esas canciones que alguna vez entonamos como si de salmos se tratara.
Así era Mario Benedetti. Sus amigos dijeron que fue un hombre bueno. Juan Gelman le escribió una carta: Te digo adiós pero no te lo digo, te despido pero no te despido, siempre estarás en mí y en el alma y el corazón de centenares de miles de personas que entraron a la poesía por la puerta grande de tus poemas . Eduardo Galeano sólo pudo decir: Me parece que el dolor se dice callando y guardó silencio. Joan Manuel Serrat habló se su sencillez, de sus dotes como conversador, de un sentido del humor insuperable. José Saramago escribió que con la muerte del poeta el planeta se hizo pequeño para albergar la emoción de las personas . Y -no por nada es premio Nobel- describió a Benedetti como aquel que supo hacernos revivir nuestros momentos más íntimos y nuestras rabias menos ocultas.
Todo mundo tenía algo que decirle. Todo mundo reconoció sentir algo por su muerte sin vergüenza alguna. Y es que Mario Benedetti fue casi un poeta generacional. En su momento logró que muchos jóvenes se animaran, por vez primera, a recoger las espinas y las flores de la poesía y desde ahí realizaron el gran salto a todos los géneros literarios y al infinito placer de lectura.
Sus poemas pasaron de mano en mano en los tiempos de las dictaduras militares y siguieron conmoviendo en cada libro suyo que aparecía, fueron esenciales todo caso de amor y desamor, y por eso, hoy, toda una generación entristecida piensa que no es posible, que apenas tenía 88 años.
Pero todo fuera como eso. Hoy nos recitaría alguno de sus versos (No te quedes inmóvil / al borde del camino / no congeles el júbilo/ no quieras con desgana / no te salves ahora / ni nunca.) y nos hubiera consolado lo suficiente. Después de todo -como dijo una vez- la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida.