Esta semana tuve la oportunidad de hacer una breve visita a Costa Rica para ofrecer una presentación ante la Superintendencia de Telecomunicaciones (Sutel), el ente regulador local para este sector. Mi charla se centró en identificar cuáles serán las necesidades de la industria como consecuencia del incremento en conexiones LTE y el advenimiento de 5G en la próxima década.

Uno de los temas que más interés originó a los representantes de Sutel fue el impacto que tendría el crecimiento exponencial en tráfico por redes inalámbricas debido a un incremento de líneas, gracias al llamado Internet de las Cosas y la evolución en la resolución de contenidos visuales. La respuesta es sencilla: mayor cantidad de infraestructura y de espectro radioeléctrico. Es por esta razón que el 5G se visualiza como un ecosistema en el que la red inalámbrica del operador estará acompañada de otras tecnologías enfocadas en mejorar la eficiencia en el uso del espectro radioeléctrico y minimizar la posibilidad de congestión por medio de la descarga de tráfico.

Precisamente es en este punto donde se espera que las llamadas celdas pequeñas o small cells sean de utilidad para apoyar las redes de los operadores en zonas de alto tráfico. No obstante, la proliferación de este tipo de celdas implicará un incremento en las necesidades de backhaul para cada una de ellas. En otras palabras, el incremento en el número de celdas incrementará la demanda de conexiones alámbricas que permitan altas velocidades de transmisión, por ejemplo, fibra óptica.

A esta primera consecuencia, hay que agregar una segunda: un incremento exponencial en la cantidad de permisos para la construcción y despliegue de nueva infraestructura por parte de los operadores de telecomunicaciones del mercado.

Para que se pueda tener una idea de la magnitud de este incremento en infraestructura, me gustaría destacar que según Andy Castonguay, de la consultora internacional Machina Research, en discusiones preliminares sobre las necesidades de infraestructura de las tecnologías IMT-2020, indican que éstas requerirán de al menos 10 veces la cantidad de componentes que las que tenemos en la actualidad.

Esto implicaría al menos multiplicar por 10 los pedidos de autorización para la construcción de infraestructura, un tema que en la mayoría de los mercados de América Latina continúa siendo bastante controversial por las constantes demoras que enfrentan las empresas, debido a problemas que van desde la falta de recursos suficientes de las autoridades responsables en entregar los permisos hasta motivaciones políticas. Lo anterior, sin obviar preocupaciones del impacto de las antenas en la salud o en la estética de la localidad.

Ante esta realidad, los representantes de Sutel reconocieron los grandes desafíos que se aproximan en los próximos años para garantizar un crecimiento saludable de la oferta de servicios de banda ancha inalámbrica. Esto en un mercado donde 7.1 millones de líneas que posee en la actualidad representan cerca de 150% de penetración móvil.

Finalmente, un tema que no pudo faltar en la conversación fue el impacto que había tenido la liberalización del mercado móvil. Los resultados son obvios, mientras que antes de la apertura, el crecimiento del segmento móvil dependía de la disponibilidad de números y el parque de terminales no era moderno, hoy la realidad es otra. En muy poco tiempo, Costa Rica exhibe una de los más altos niveles de penetración de banda ancha móvil en la región, y de ser uno de los mercados más rezagados de Centroamérica se ha convertido en el líder de esta región. No obstante, como en casi todos los mercados de la región, uno de los impedimentos que enfrenta este sector tan dinámico es la necesidad que tienen varios operadores por más espectro radioeléctrico.

*/Director de 4G Américas para América Latina y el Caribe.