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Opinión

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Tango

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Los populismos son movimientos de rechazo a gobiernos caracterizados por fracasos. Nacen por la falta de política. Lo paradójico es que cuando los populistas llegan al poder muestran incapacidad para gobernar.

En Argentina, en las recientes elecciones perdió el candidato oficial del peronismo que, como Ministro de Economía, llevó al país a tener una inflación de 140% y que cada uno de cuatro argentinos viva en la pobreza. Argentina es un ejemplo, entre otros, de riqueza privada, penuria pública y pobreza social.

La frustración viene de una permanente inestabilidad macroeconómica, de instituciones que se encuentran en decadencia, de la oposición de las élites de realizar cambios sociales, la ausencia de una clase industrial moderna y de saldos anacrónicos del peronismo.

El ganador en las elecciones, Javier Milei, es un extremista de derecha que planteó en su campaña electoral la dolarización de la economía, la reducción a la mitad del gabinete de gobierno, la fusión de los servicios de salud con los de educación, la privatización de empresas del Estado, reducir los institutos culturales, bajar subsidios, fortalecer la venta de armas y detener medidas como el derecho de aborto.

El problema para Milei es que no tiene mayoría legislativa ni una estructura política que lo respalde, por lo que, al igual que otros populistas, sus promesas chocaran con la realidad. Su plan económico tiene muchos antecedentes, como por ejemplo el Plan Austral del presidente Alfonsin, en 1983, que fue un fracaso.

La nostalgia invade el escenario. A principios del siglo XX, Argentina era uno de los países más importantes del mundo por el tamaño de su economía. Exportaba carne, trigo, maíz, lino. Ocupaba el octavo lugar entre los países del mundo por el valor de sus exportaciones.

En el pasado, cuando André Malraux, Ministro de Cultura del gobierno de Charles de Gaulle en Francia, visitó Buenos Aires, se maravilló de la estética de la ciudad que armoniza con calzadas, numerosas plazas, fuentes, lagos y el majestuoso Teatro Colón. Ahí dijo: “Buenos Aires es la capital de un imperio que no fue”.

Argentina cuenta con un clima templado, un territorio nacional integrado, vastas planicies de suelo fértil, yacimientos petrolíferos, acceso al mar y una población instruida.

El peronismo le hizo un gran daño al país porque desdeñó al capital nacional y extranjero. Creó un Estado corporativista y burocrático que pesa por decenios y que tuvo el apoyo de los sindicatos y del Ejército a cambio de beneficios. Su preferencia por una economía autárquica condenó a Argentina a ser un país del tercer mundo.

En Argentina todos se echan la culpa: los militares se lamentan del poder de los sindicatos de empleados públicos, los economistas acusan a los desórdenes gubernamentales, los presidentes ponen de relieve la indisciplina de la sociedad en su conjunto.

En Argentina el tango es la música popular. El tango –dice el escritor Ernesto Sabato– es un pensamiento triste que se baila.

smota@eleconomista.mx

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