Cada vez que lleno el tanque de gasolina de mi coche, pienso en lo que ha subido en estos 140 días que lleva el 2018: es casi 8 por ciento. En enero gastaba 830 pesos por tanque y ahora son más de 910 pesos.

El incremento es significativo, pero pudo haber sido mucho mayor. La gasolina habría subido más en México, si los incrementos al precio de la gasolina de Estados Unidos se hubieran trasladado íntegros a los consumidores mexicanos. En vez de 18.50 pesos por litro, estaríamos pagando alrededor de 22 pesos por litro de gasolina Magna.

En EU, la gasolina ha subido 26% de enero a la fecha. Cada galón valía 1.80 dólares a fines de diciembre, equivalentes a 35.37 pesos con el tipo de cambio de ese momento. Ahora vale 2.27 dólares, 44.83 pesos por galón.

¿Cómo explicar lo que está pasando? El gobierno decidió aplicar un freno a la liberación plena del mercado de los combustibles en México. La Secretaría de Hacienda diseñó un esquema que permite incrementar el subsidio a la gasolina para amortiguar el golpe al bolsillo de los consumidores. Al hacerlo, seguramente tomó en cuenta las protestas y disturbios que generó el gasolinazo decretado a fines de 2016. Podemos dar por hecho que también incorporó a sus cálculos las elecciones de julio. Si el escenario está complicado ahora para el candidato oficial, con precios de gasolina de 22 pesos por litro... no habría nada que hacer para el PRI.

Podemos especular acerca de si estamos ante un ejercicio de sensibilidad social o de manipulación del precio de un bien sensible políticamente. Podemos incluso aceptar que se trata de una mezcla de ambas cosas. Sin embargo, lo más importante es averiguar si la estrategia es sostenible fiscalmente. En otras palabras, saber si este “ahorro” en el precio de la gasolina no es una bomba que estallará más adelante, por ejemplo después de las elecciones.

Para amortiguar el alza de las gasolinas, el gobierno ha sacrificado ingresos. En el primer trimestre del 2018, este “sacrificio” implicó captar 9,315 millones de pesos menos por IEPS a combustibles.

Este esfuerzo fiscal, equivalente a 103 millones diarios, deberá incrementarse si sigue subiendo el precio de las gasolinas en Estados Unidos o si se mantiene la depreciación del peso frente al dólar. Por desgracia, ese es el escenario más probable: la tensión geopolítica en el Medio Oriente seguirá presionando el precio del petróleo y, por tanto, el de la gasolina. En el caso del tipo de cambio, hemos entrado en zona de turbulencias. Veremos crecer la volatilidad, por acción y efecto de la incertidumbre sobre el desenlace del TLCAN, aunada a la entrada en la recta final del proceso electoral.

¿Cómo estar seguros de que Hacienda está actuando responsablemente? Aquí es donde entra en escena la necesidad de un Consejo Fiscal independiente. Un órgano que supervise el funcionamiento de la Secretaría de Hacienda. Una institución que refuerce los controles en asuntos tan delicados como el ejercicio del gasto público y las decisiones relacionadas con los ingresos del gobierno. El secretario González Anaya es un funcionario de primer nivel y gran capacidad. Lo mismo podemos decir del subsecretario Miguel Messmacher y de sus equipos, pero vivimos tiempos de intensa presión política. Más vale no dar nada por garantizado.

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Luis MiguelGonzález

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.