La clave para tener un México más incluyente y con desarrollo es proporcionar una formación académica de excelencia. Detrás de las grandes interrogantes sobre este tema, hay una verdad que es palpable: no se habían llevado a cabo los esfuerzos necesarios que garantizaran una educación de calidad y dotar a los mexicanos de las herramientas necesarias para ser realmente competitivos.

Actualmente, la educación primaria es prácticamente universal, con una eficiencia terminal de casi 99% a lo largo y ancho de nuestra nación, lo cual es altamente significativo en un país de 120 millones de habitantes. Sin embargo, aún falta mucho por hacer, ya que para poder salir de la denominada “trampa de la pobreza” es necesario que las personas obtengan la educación básica, es decir, concluir por lo menos la secundaria.

Este fin de semana, López Obrador presentó su decálogo por la educación ante maestros de Oaxaca, por cierto, uno de los estados con mayor rezago educativo del país. Para entrar en contexto, en nuestro país hay más de 21 millones de personas que no tienen educación secundaria y, en consecuencia, muy altas posibilidades de no conseguir un trabajo bien remunerado, de que sus hijos tampoco concluyan su educación básica y, por supuesto, de estar más expuestos a participar en actos delictivos para poder llevar pan a su hogar. Es por eso, que cancelar la reforma educativa es una declaración alarmante y debe preocuparnos a todos los que queremos un mejor futuro para México.

En este país de enormes desigualdades, gastamos 8 de cada 10 pesos del presupuesto educativo en salarios, pero somos el país con los peores niveles en calidad de la educación entre los miembros de la OCDE. De ahí la importancia de hacer una transformación profunda que asegurará maestros a la altura de las circunstancias. El primer gran paso era consolidar un sistema educativo al servicio de las escuelas y los alumnos, que nos permitiera tener maestros mejor evaluados y capacitados para que puedan contribuir a la enseñanza conforme a métodos de aprendizaje más ajustados a las exigencias actuales.

Hoy con la reforma educativa se establecen reglas claras para que el mérito sea la única forma de ingresar y ascender de los docentes; por primera vez se realizaron concursos nacionales para la incorporación a la plantilla, con esto, los más de 10,000 maestros que se incorporan cada año ya no lo hacen por herencia o tráfico de influencia, sino por capacidad y vocación.

La reforma además permite que los profesores mejor evaluados también sean mejor pagados, pues se ganan aumentos directos a su sueldo base; y por si no fuera poco, es la primera vez que el Inegi llevó a cabo un Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial, conformando un diagnóstico claro para la mejora educativa. Es decir, en nuestro país, antes de dicha reforma, el uso de recursos educativos no estaba destinado a mejores resultados, sino a intereses de líderes que respondían únicamente a compromisos políticos. Desde el inicio de esta administración, la Secretaría de Educación Pública ha trabajado de manera incansable con el firme compromiso de garantizar el derecho a una educación de calidad para todas las niñas y niños mexicanos, impartida por los mejores maestros.

No nos dejemos engañar, es nuestro deber como ciudadanos y padres de familia analizar si los cambios que se proponen son en pro del futuro de nuestra sociedad. Hay un largo camino por recorrer para alcanzar el México que sí es posible, incluyente y con oportunidades para todos, pero, desechar los avances realizados sería retroceder al México que, con mucho esfuerzo, ya hemos dejado atrás.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

*Candidata a diputada federal plurinominal en la Tercera Circunscripción Electoral por el Estado de Tabasco y expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana AC.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.