Hay gente que piensa que pedir un crédito para pagar otros es una buena idea. En mi columna del martes relaté el caso de una mujer cuyos compromisos a “meses sin intereses” excedían sus ingresos mensuales. Lo que hizo fue pedir un crédito de nómina, con intereses elevados, para poder seguir pagando sus tarjetas.

Analicemos lo que hizo: tenía deudas “sin costo” de financiamiento, es decir, sin intereses. Para continuar pagando sacó un crédito muy caro —el de nómina, a una tasa de interés anual de 40%, sólo para poder seguir viviendo (y pagando) sus tarjetas. 

Mucha gente hace eso, aunque de formas distintas. Hay personas que tienen la obsesión de “consolidar” sus créditos en uno sólo, como si eso les resolviera el problema. Entiendo que tener un solo crédito puede ser más fácil que muchos con distintas fechas de vencimiento, pero no si eso implica un costo mayor. 

¿Cuándo tiene sentido consolidar deudas?

Consolidar deudas o pedir préstamos para pagar otros, en ocasiones puede ayudar pero sólo si se consigue un ahorro sustancial en la tasa de interés, junto con una mejora en nuestro flujo de efectivo. 

Pero también debemos entender que esto no resuelve nuestro problema de fondo. Al final, es como cavar un hoyo para tapar otro. 

Esto es crucial. La realidad es que muchas veces hacer esto causa más problemas, porque las personas continúan con sus hábitos de consumo. 

Eso significa: hacen una “consolidación”, pagan sus tarjetas pero las siguen usando de la misma forma. Siguen contrayendo deudas. Terminan así más endeudados que al principio. 

Lo he visto muchas veces. 

Es muy interesante de hecho ver la psicología que está detrás de todo esto. Alguna vez un lector me escribió porque quería “consolidar sus deudas” pero ningún banco le quería prestar. Entonces, los bancos tenían la culpa. Literalmente me escribió: “Si no me prestan ¿Cómo quieren que les pueda pagar?”

Muchas personas me dicen que se endeudan porque no les alcanza para vivir. Es terrible, pero si esta es su situación, pedir prestado es lo peor que pueden hacer, simplemente porque no tienen capacidad de pago. Se nos olvida que ese crédito hay que pagarlo, y ese compromiso reducirá el ingreso disponible en el futuro para otras cosas. 

Pero si además, para poder pagar, tienen que pedir otro crédito adicional, están cayendo en un patrón de pensamiento completamente equivocado. Están cavando un agujero cada vez más grande. En otras palabras: ya están con la soga al cuello y ellos mismos la están apretando más. 

Recordemos que el crédito es una herramienta que puede ser muy peligrosa. Si la usamos bien nos ayuda, pero cuando la ocupamos mal los resultados pueden ser desastrosos.

El crédito al final es un compromiso que tenemos que pagar con dinero que todavía no tenemos pero esperamos ganar en el futuro. Compromete entonces nuestro flujo de efectivo, porque parte de ese ingreso no será para nosotros, sino para pagar a nuestros acreedores.

No lo podremos utilizar para construir  sino para pagar aquello que ya consumimos. Eso no está padre y claramente no es el  camino para construir una vida financieramente sana. 

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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