La austeridad, que con tanta insistencia ha recomendado López Obrador en tiempos recientes, tiende a profundizar la contracción de la demanda agregada y el estancamiento.

En su obra cumbre, La Teoría General, de 1936, el economista inglés John M. Keynes insiste en la necesidad de actuar con premura en una situación de recesión profunda de la actividad económica. Una situación de estancamiento severo, como la actual en la que ha caído la economía de México por efecto de la pandemia del Covid 19. La herramienta es una transfusión masiva de gasto público al alicaído aparato productivo, aunque sea para cavar zanjas que la mano de obra recién contratada tenga que tapar después.

La renuencia tan empecinada que muestra el presidente López Obrador para hacer en la coyuntura actual de México una aplicación de la receta keynesiana clásica se debe aparentemente a que le recuerdan los rescates de la época supuestamente neoliberal, del tipo Fobaproa. Pero nadie le está solicitando al mandatario que ponga en ejecución la receta clásica de Keynes para apoyar a las grandes empresas, a las cuales aparentemente les guarda tan elevado resquemor. De lo que se trata es de evitar el hundimiento del Poseidón, que es la economía nacional y en el cual navegan inexorablemente la totalidad de las unidades productivas del país: pequeñísimas, chicas, medianas y grandotas. Metafóricamente, la opción de no hacer nada podría ser el Titanic.

En La Teoría General, Keynes escribió de manera perspicaz que en tiempos de recesión severa, como la que estamos viviendo, la virtud de la austeridad se puede convertir en un pecado colectivo. Ello, en razón de que la austeridad, que ha recomendado López Obrador con tanta insistencia, tiende a profundizar el desplome de la demanda agregada y por esa vía a intensificar el estancamiento. Y de ahí el llamado de Keynes a la aplicación de una política anticíclica.

Un primer componente en la aplicación de la receta keynesiana se trata de la premura. De no ser así, en el largo plazo ya todos esteremos muertos. Es decir, hay que actuar rápido en razón de que muchas empresas (sobre todo las pequeñas) están muriendo como moscas. El segundo componente es que una intervención contracíclica de esa naturaleza debe ser siempre temporal. Que a nadie tampoco se le ocurra la peregrina equivocación en que cayó la política económica de México en los decenios de los 30, 40 y parte de los 50, de intentar impulsar el desarrollo económico de manera permanente mediante el expansionismo fiscal y monetario. Así fue y así nos fue.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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