Sobre la viabilidad de la vida en el planeta Tierra, me gustaría escribir cuestiones alentadoras, porque por salud mental, es necesario recibir buenas noticias. No obstante, en esta ocasión, por más que busco la manera, no hay mucha tela de dónde cortar.

Además, son tantos y tan diversos los temas ambientales que, para abordarlos técnicamente se requiere la lectura de tratados enteros a efecto de traducir el lenguaje científico de las y los expertos para después, poder exponerlos adecuadamente. Sin embargo, hay otra manera de hacerlo y es con intuición y vivencias. Y, aunque nunca sobran los datos duros de los expertos, lo que estamos presenciando en cuestión de deterioro ambiental, es tan claro, que se puede evidenciar con solo ver el entorno para concluir que lo que está pasando es muy grave. Casi estamos llegando al punto de no retorno.

Cada vez es más claro, que año con año, presenciamos nuevas marcas históricas en relación con el calentamiento global. La última década ha sido la más calurosa de todas las registradas a nivel mundial. El calentamiento global ha traído como consecuencia natural el deshielo de los polos en una forma acelerada y con él, el aumento en el nivel del mar, el aumento en la temperatura de los océanos y con él, la extinción de algunos animales marinos y la migración de otros.

Cuando en el 2016 vivimos el año más caliente, llegó el 2020 para igualarlo, precedido por el 2019. La página web oficial de la NASA señala que “México está viviendo una de las sequías más generalizadas e intensas en décadas. Al 15 de abril del 2021, casi el 85 por ciento del país enfrenta condiciones de sequía.” Junto con las olas de calor, a mediados de febrero de este año, hubo una nevada histórica y repentina en Nuevo León y, a finales de abril de este año, entre otros eventos ambientales, en la ciudad de México cayó una fuerte y sorpresiva granizada.

México no es la excepción de este escenario. En febrero de 2019, Nueva Zelanda declaró estado de emergencia por los incendios forestales. En enero de 2020, Australia vivió igualmente incendios forestales nunca vistos. Las imágenes de los Koalas y Canguros, sufriendo por las quemaduras nos estremecieron y conmocionaron. Igualmente, el Amazonas en Brasil, tanto en 2019 como en el 2020, se vio envuelto en llamas.

¿Por qué el ser humano se dio cuenta tan tarde de que todo está conectado y que debía tratar con cuidado el todo? Lo que sucede en un lugar, afecta otro. ¿Por qué hablar del respeto a los animales de la vida silvestre, de los bosques o las aguas, sigue siendo sujeto a polémica o a comparaciones con la protección al ser humano? Cuando no se contraponen uno con otro. La defensa y los derechos que tienen las personas, la clara pobreza y mala distribución del ingreso a nivel mundial, no son excluyentes del cuidado que se les debe dar a los animales de la vida silvestre, a los bosques o aguas.

El problema de un sector de los seres humanos es que se posicionaron sin razón alguna, como los grandes soberanos del planeta Tierra. Y como todo soberano tirano, el deseo de conquista de todo lo que habita en el mundo está siempre presente. Obligaron que todo lo que estaba a su alrededor les rindiera pleitesía, pero no se dieron cuenta que, con esa explotación y sumisión desmedida de “lo otro” que es el medio ambiente, estaban cavando su propia tumba.

Solamente hay que voltear a ver, cómo el hecho de tener las cuatro estaciones en un día impide que las plantas y árboles tengan un ciclo natural de vida. Cómo derivado del cambio climático, florecen antes, que fue lo que sucedió este año en Japón con la floración temprana de los cerezos. El reino vegetal, también tiene un ciclo de vida que se necesita respetar. Tan básico como que el ser humano vive y come del reino vegetal y animal.

Los ecosistemas, los animales de la vida silvestre y los bosques, apenas están siendo sujetos de protección por la justicia internacional y nacional.

El común de la gente percibe la situación en la que nos encontramos, porque con solo voltear ver, se aprecian patrones muy definidos de deterioro ambiental. Para no ir más lejos, en la Ciudad de México, no solamente son las palmeras las que están enfermas y se están muriendo, sino muchos otros árboles que ya no resistieron los cambios tan bruscos de temperatura y la sequía.

Todos somos responsables de esto, tanto las autoridades como los particulares, por eso, a todos nos corresponde corregir este problema. No dejemos que sea más tarde de lo que de por si es. Tenemos la obligación de dejarle a las futuras generaciones un planeta mejor al recibido desde el punto de vista ambiental. ¿Qué hay que hacer? No dejar en la indiferencia los temas ambientales y comenzar con cosas tan sencillas como las “5 R”: reciclar, reducir, reusar  -y adicionalmente- restaurar y reparar. El crecimiento económico debe permear en forma más equitativa para todos. Eso es lo que también hay que hacer.