Muchas de las decisiones energéticas del equipo de transición carecen de fecha tope. Esto es un problema. Es fácil caer en la tentación de aplazar y aplazar sin darse cuenta de que, entre la incertidumbre, eventualmente hay una gota que derrama el vaso. La continuidad de las rondas que aún no se programan y la revisión de contratos son buenos ejemplos.

No es el caso de la Ronda 3.2. En muchos sentidos, va a ser la prueba del ácido para la política de la nueva administración sobre las rondas petroleras. Aun a tres meses de que cierren el periodo de suscripción, ya tiene a 15 empresas inscritas y a cinco que aparentemente están en proceso de hacerlo. Ante ellos y la comunidad petrolera internacional que va a estar observando con mucha atención, no hay de otra: o la ronda ocurre, o no.

No es la ronda con mayor potencial de agregar reservas. Aun si hubiera descubrimientos (es una ronda estrictamente de exploración), no son bloques que tengan relativamente garantizado que tendrán recursos que se puedan aprovechar comercialmente. Mas de la mitad de los bloques, de hecho, tienen recursos prospectivos de gas seco que, sin una estrategia nacional que genere claros incentivos para el aprovechamiento de este recurso, la tienen difícil para competir con los productores estadounidenses.

Esto le da un doble significado. El equipo de transición ha criticado la dependencia mexicana del gas estadounidense, pero hasta la fecha no ha avanzado demasiado en proponer una solución. Esto podría inyectar recursos para tratar de resolver el rompecabezas

Que haya 21 bloques contiguos en Burgos, pegados a los que ya se adjudicaron la Ronda 2.2, es particularmente importante. Genera economías de escala que podrían hacer que estos recursos, con un alto potencial de volverse activos varados de otra forma, puedan generar y aprovechar la infraestructura necesaria para ser comercialmente viables.

Con la escala suficiente, el desarrollo podría justificar el desarrollo de infraestructura de transporte y tratamiento de hidrocarburos que le inyecte vida a esta región gasífera.

Ante este balance de reto y oportunidad, sería particularmente revelador que la administración entrante decida cancelar el proceso. Aun entre los que no participen directamente, señalaría una intención inequívoca de descontinuar los esfuerzos existentes —aun en regiones técnicamente complejas que, hoy por hoy, no parecen ser la prioridad de Pemex. La continuidad, por el contrario, sería la primera señal contundente de pragmatismo energético.

Muy pronto tendremos que saber por cuál se inclinaron y cómo lo justificaron.

Otro descubrimiento

La declaración de Fatih Birol, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, sobre el regreso de la energía cara, paso prácticamente desapercibida en México. Sería muy interesante escuchar la perspectiva de la nueva administración sobre el tema. ¿Qué significa esto para México, los consumidores, la industria petrolera y la de refinación?

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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