Opinión

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Riesgos en el corto y mediano plazo

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Por Gustavo Merino Juárez

El inicio de año es momento propicio para reflexionar sobre el pasado y lo que viene. Dado que “hacer predicciones es difícil, particularmente sobre el futuro” como diría con humor Mark Twain, quizá sea más útil identificar los riesgos que enfrentamos. Diversas organizaciones nos ofrecen reflexiones al respecto, entre ellos Integralia Consultores, que presentó recientemente “Diez Riesgos Políticos para 2022” (https://tinyurl.com/yckz9h27). Menciono aquí algunos de los que señalan y posteriormente agregaré otros.

El primer riesgo, al que asignan probabilidad muy alta de ocurrir, es que el Presidente intensifique la polarización y la movilización de sus seguidores en torno a sus temas prioritarios. El segundo es que aumenten los ataques al INE, con sus implicaciones sobre el funcionamiento de muestra democracia. Otro riesgo es la interferencia del crimen organizado en los procesos electorales. Con alta probabilidad de ocurrir, señalan el riesgo de que se extienda la discusión de la reforma eléctrica, prolongando más la incertidumbre y desalentando la inversión, incluso en sectores distintos al de energía. El que se siga fortaleciendo el crimen organizado y se mantengan altas tasas de homicidio extorsión y robo es otro riesgo. Destaca también es el riesgo de que siga aumentando el número de facultades y presupuesto asignado a las Fuerzas Armadas, lo que desequilibra las relaciones cívico-militares, reduce la ineficacia gubernamental y abre mayor espacio para la corrupción al estar las fuerzas armadas menos fiscalizadas.

Un riesgo, considerado como de probabilidad media cuando quizá sea muy alta, es que prevalezca la fragilidad de las finanzas públicas. La recaudación tributaria en México ha sido históricamente baja en términos del PIB y es ilusorio pensar que los ingresos petroleros cubrirán lo faltante como ha ocurrido en ocasiones en el pasado. Si bien elevó un poco la eficacia recaudatoria, el gobierno también incrementó los ingresos haciendo uso de los ahorros acumulados por años en fondos y fideicomisos cuya razón de ser persiste, pero ya no los recursos para atenderla. Por otra parte, gran parte del gasto se destina a obras onerosas de cuestionable retorno social o económico y el monto requerido para pensiones y otras transferencias seguirá creciendo, reduciendo aún más el espacio fiscal.

Hay riesgos adicionales identificados por Integralia, pero quisiera referirme ahora a los que no están considerados o que solo se abordan indirectamente. Primero, el debilitamiento continuo de la capacidad gubernamental. El gobierno perdió un gran número de cuadros experimentados -particularmente en áreas técnicas-, que fueron despedidos o alentados a renunciar por los recortes salariales, el deterioro en las condiciones laborales o por presiones políticas.

En muchos casos fueron reemplazados con personas sin experiencia o preparación previa relevante y cuyo principal mérito parece ser la lealtad al Presidente. La política de austeridad excesiva y mal enfocada también dejó a muchas dependencias sin la adecuada capacidad para desempeñar bien sus funciones. Los embates contra organismos como el IFAI o los órganos reguladores y evaluadores reduce la transparencia, dificulta la mejora continua en los programas y políticas y facilita la corrupción.

Otro gran riesgo está en el ámbito social.

Con 3.8 millones de pobres adicionales entre 2018 y 2020, la estrategia social y económica ha mostrado poca efectividad para reducir la pobreza. Tampoco hay avances evidentes en el desarrollo de capacidades básicas para el desarrollo y la movilidad social. Millones perdieron acceso a servicios de salud por la cancelación del Seguro Popular y la desordenada sustitución por el INSABI, por lo que el gasto de bolsillo en salud de las familias aumentó en promedio en 40% entre 2018 y 2020. El desabasto de medicamentos y el debilitamiento de acciones preventivas como las campañas de vacunación tienen implicaciones de largo plazo y el manejo de la pandemia ha sido desastroso en términos de contagios y muertes. En educación se agudizaron rezagos y aumentó la deserción.

Destacan también los riesgos ambientales. México es particularmente vulnerable a los efectos del cambio climático incluyendo eventos meteorológicos severos. Difícilmente podremos cumplir con los compromisos internacionales adquiridos relacionados con el cambio climático y el desarrollo sostenible.

La preferencia por los combustibles fósiles sobre las energías renovables, además del severo daño a la salud y al entorno, conlleva el riesgo de que otros países y empresas tomen medidas que resulten en menor inversión y reduzcan la competitividad de México. La pérdida en biodiversidad continúa al igual que a sobreexplotación de recursos. Hay riesgos adicionales. Despreocuparnos nos saldrá caro.

* El autor es especialista en políticas públicas y desarrollo. Profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Opiniones personales @GustavoMerinoJ.

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