La reunión del subsecretario Hugo López-Gatell con los representantes de la industria es un cambio de señal positiva por donde se le vea y es de suma importancia; no sólo porque reflejaría el fin de una posición de enfrentamiento de la actual administración contra las farmacéuticas, batalla que en apariencia ha sido uno de los bastiones de este gobierno en la lucha contra la corrupción pero que en los hechos no ha derivado en ningún resultado concreto más que en un doloroso y caótico desabasto de terapias nunca antes visto. Todo ello ha implicado un costo demasiado elevado para muchísimos pacientes.

Esa reunión no se pudo haber dado sin la venia y autorización del presidente López-Obrador, después de que sus señalamientos enjuiciadores en contra del sector farmacéutico mexicano habían sido insistentes por meses desde que tomó posesión, y los había asumido casi como bandera de su lucha anticorrupción. El estigma y desconocimiento absoluto de cómo funciona la cadena de suministro de medicamentos e insumos para la salud llevó a un rompimiento con el sector de proveeduría.

El subsecretario sí que sabe bien cómo está la situación, dónde está el atolladero, y ubicó claramente la necesidad en principio de poner orden en el regulador sanitario convertido en un embudo para la correcta operación de la proveeduría de insumos para la salud no sólo en el mercado público sino también en el privado, porque el desabasto de terapias está afectando a todo el sistema.

En ese sentido hubo compromisos asentados de palabra en dicha reunión de parte del subsecretario para con los representantes de Canifarma, Amelaf, Anafam y AMIIF, que acordaron trabajar por al menos 4 semanas consecutivas, con próximas reuniones ya agendadas.

En principio López-Gatell les hizo ver su intención de reformar Cofepris de cabo a rabo para hacerla operativa y superar los rezagos derivados de la parálisis y luego de la pandemia. Les mostró abierta disposición de escuchar sus propuestas de mejora presentadas desde un inicio al pediatra José Novelo, quien no estuvo en dicha reunión y cuyo desconocimiento y desinterés por entender el funcionamiento del sector le llevó a un total aislamiento y a convertirse en un profundo bache operativo para todas las industrias reguladas por Cofepris durante los 20 meses que lleva en el cargo. Para Novelo, reunirse con cualquier representante de sus sectores regulados significaba algo casi pecaminoso porque para él eso implicaba indicio de corrupción, sin tener idea de que la parálisis generada por su aislamiento es lo que justo incentiva acciones de corrupción. No hay mayor elemento de combate contra la corrupción que la eficiencia para una industria que no puede detener sus procesos y que depende de una meticulosa planificación de tiempos en cada uno de sus carriles. Pero de ello no tenía la más mínima idea José Novelo, cuya renuncia como titular del organismo regulador sanitario es de esperarse se dé de un momento a otro.

Por eso la posición mostrada por López-Gatell habla de un positivo cambio de actitud de esta administración que abre esperanza de que ojalá hacia adelante se siga abordando con el profesionalismo y seriedad que requiere la proveeduría de insumos tan elementales para la salud de la población.

Un punto que quedó claro es que en el grupo de trabajo conformado no se tocará lo relativo a las compras de medicamentos UNOPS, sin embargo es inevitable por el rol directo de las autorizaciones de Cofepris hacia los proveedores que participen, máxime que será una compra internacional donde se espera lleguen empresas de todos los rincones de planeta. A Cofepris le toca cuidar la calidad y frenar cualquier riesgo sanitario, incluido aquel de que mediante la compra de UNOPS ingresen al país medicamentos baratos de pésima calidad que en vez de dar alivio generen más bien peligro para la salud de los mexicanos.

UNOPS le respondió a Canifarma con todas sus letras que para cotizar en el proceso de compra no se requiere tener registro sanitario. Eso es verdaderamente grave y preocupante porque evidencia que para UNOPS no importa el nivel de calidad de las terapias adquiridas sino que su mayor incentivo es conseguir los mejores precios, y que consiguiendo los mayores ahorros con eso ya habrá cumplido ante el Gobierno mexicano.

Ante ello, le toca a Cofepris hacer valer su autoridad como regulador sanitario y poner las cosas en su lugar para proteger de cualquier riesgo al paciente mexicano.

En este sentido tienen toda la razón las empresas farmacéuticas que operan fábricas de medicamentos en México, porque a ellas -por fortuna para los pacientes- desde hace años se les vienen exigiendo elevados controles de calidad en las terapias y buenas prácticas de fabricación -lo que ubica a nuestro país en los mejores rangos de vigilancia sanitaria con reconocimiento internacional y de la Organización Mundial de la Salud-, como para que ahora ese nivel se borre de un plumazo permitiendo la llegada de cualquier empresa de China, India o Bangladesh trayendo paracetamol de 2 pesos fabricado en algún garaje sin la mínima verificación.

Por eso es sumamente relevante que el subsecretario esté tomando las riendas en este asunto y se haya sentado a escuchar a los representantes de la industria farmacéutica quienes -contrario a la UNOPS- piden que no se baje la exigencia regulatoria.

maribel.coronel@eleconomista.mx

Maribel Ramírez Coronel

Periodista en temas de economía y salud

Salud y Negocios

Comunicadora especializada en salud pública y en industria de la salud. Cursando la maestria en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM.

Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, concepto sobre salud femenina. Me apasiona investigar y reportar sobre salud, innovación, la industria relacionada a la ciencia, y encontrarle el enfoque de negocios con objetividad a cada tema.