La relación bilateral entre México y Estados Unidos no es optativa y lo mejor es que sea de primer nivel.

El viernes, Marcelo Ebrard tuvo como objetivo principal en su reunión con Antony Blinken articular un encuentro entre los equipos de los gobiernos de los presidentes López Obrador y Biden.

Ebrard lo sabía: el entorno heredado por Trump dejó una nebulosa saturada de interrogantes y vacía de elementos institucionales en la relación bilateral. Adicionalmente, el caso del general Cienfuegos no abonó a la institucionalidad de la relación. Biden también lo supo, al igual que Roberta Jacobson, presente en la reunión de ayer.

Había que celebrar una reunión para exorcizar el espíritu de Donald Trump. Biden lo hizo ayer al mencionar que durante la administración Obama, el gobierno de Estados Unidos decidió tratar a México con igualdad porque “todo lo que ustedes hagan repercute en nosotros y en América Latina”.

La interacción entre AMLO y Biden de ayer fue una “prueba de fuego del nuevo equipo de América del Norte”, me dice una fuente de la cancillería enterada del contenido de la reunión, conformado por el embajador Esteban Moctezuma, Roberto Velasco, que, tras la desafortunada desaparición de la subsecretaría para América del Norte, tiene que hacer las veces del Director General, pero también las del subsecretario, y Marcelo Ebrard. Por cierto, Velasco no estuvo en la reunión precisamente por este tema.

Al haber estado presentes 15 personas en la reunión de ayer, revela la naturaleza de la misma: diplomática y no política. Los temas sensibles no se pueden abordar por diversos motivos, entre ellos, las filtraciones. De esta manera, seguridad y energía no fueron abordados.

Fue diplomática porque ambas partes decidieron hacer público un video en el que Biden habla sobre su visita a la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México y AMLO habla sobre Benito Juárez.

La misma fuente de cancillería me comenta que la de ayer, fue una reunión que desmantela las visiones “catastrofistas” de analistas que avizoraban una mala relación entre los presidentes Biden y AMLO. Es posible, por lo menos queda claro que el objetivo se logró: relanzar la relación.

El presidente mexicano sorprendió al decir: “Bendito México, tan cerca de dios y no tan lejos de Estados Unidos”. Una frase que el PRD nunca mencionó al arrancar el Tratado de Libre Comercio en 1994. Una frase que la vieja izquierda nunca la hubiera dicho. Tampoco Nicolás Maduro ni Daniel Ortega en la actualidad. Una frase que fortalece al T-MEC, una especie de constitución trinacional.

Un guiño que proyecta las intenciones migratorias del presidente Biden ocurrió cuando recordó al líder sindical de origen mexicano César Chávez. La diplomacia también es una máquina que produce símbolos. Y la presencia de una figura del migrante Chávez en el Despacho Oval, no es casualidad. Biden la utiliza para tomar distancia de Donald Trump, quien utilizó a la migración como arma y no como política pública.

Así inicia el relanzamiento de la relación desde Estados Unidos. La reunión fue positiva. Era necesaria.

Las expectativas eran demasiadas, quizá, por los raros encuentros que tiene el presidente mexicano con el mundo. En su discurso está ausente la política exterior. Para Biden la reunión le sirvió para exorcizar el espíritu de Trump.

La reunión duró poco más de una hora, algo más de lo estimado en la agenda, y se trata del primer evento organizado, desde el lado mexicano, por el tándem conformado por Marcelo Ebrard, Roberto Velasco y Esteban Moctezuma.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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