La basura en México es cada día un mayor problema ambiental, de externalidades e ineficiencia económicas, institucional, de civilidad, y de gobernanza local. De acuerdo al Artículo 115 Constitucional, el aseo urbano y el manejo y disposición final de residuos generados por personas, casas habitación, comercios y servicios son una competencia municipal. Desafortunadamente, hay muy pocos gobiernos locales que poseen las capacidades operativas, financieras y técnicas para llevar a cabo una gestión adecuada. También, la basura orgánica es una fuente relevante de emisiones de gases de efecto invernadero. Eventualmente, una parte importante de estos residuos termina en desembocaduras de ríos, playas, y mares. De hecho, la contaminación con plásticos de los océanos representa un gravísimo problema global. Más de 11,000 millones de toneladas de envases y empaques de plásticos han sido arrojadas al mar, arrastradas por los ríos del planeta. Se estima que la descarga de plásticos a los mares del mundo se triplicará hacia 2040.

Miles de millones de botellas de PET son arrojadas al mar a través de los ríos, especialmente de los países en vías de desarrollo. Cerca del 95% de los residuos plásticos se vierten al mar desde 10 ríos, como es el caso del Ganges, Brahamaputra, Hindus, Mekong, Yangtze, río Perlas, río Amarillo, Nilo, Níger, y Congo, y en México, el Coatzacoalcos, Pánuco y Balsas. Los plásticos se acumulan en todas las playas y ecosistemas marinos, aún en los más remotos, como el Ártico, la Antártida, y las islas del Pacífico Sur. En el Pacífico existe un gigantesco vórtice de plásticos flotantes (Great Pacific Garbage Patch) que ocupa una superficie equivalente a cuatro veces el área del estado de California en Estados Unidos.

En México generamos cada año más de 40 millones de toneladas de residuos urbanos. Aproximadamente el 80% se recolecta, y va rellenos sanitarios o tiraderos. De esta cantidad, cerca del 50% son residuos orgánicos y el otro 50%, inorgánicos. Se estima que la mitad de estos últimos puede ser, en principio, reciclable, aunque en nuestro país sólo se recicla a su vez, la mitad (12.5% del total). Esta limitación se deriva de la ausencia de una política industrial nacional que impida externalidades, y cierre los circuitos económicos de envases y empaques, responsabilizando a las empresas productoras de bienes de consumo en esquemas de economía circular, y garantice su colecta, reciclaje y reciclaje energético. (Como el sistema del Punto Verde alemán). Deben pagar por ello (o sea, nosotros, los consumidores).Es indispensable una política industrial de re-estructura de las cadenas de valor de productos de consumo, eliminando envases y empaques de plástico siempre que sea factible, así como los plásticos de un solo uso, diseñando materiales exprofeso para su reciclaje, y escalar virtualmente al 100% la recolección y el acopio por medio de pagos a recolectores y sistemas de depósito – reembolso. Esto, en paralelo a la creación de organismos operadores locales de manejo de residuos.

Se ha planteado y se promueve que los plásticos biológicos – supuestamente degradables –  son la solución. Es una solución falsa. La idea de que un plástico supuestamente degradable arrojado al medio ambiente va a desaparecer por arte de magia, es una mentira. Estos materiales no logran la funcionalidad del PET (fuerte, ligero, barato, traslúcido, totalmente impermeable y resistente a acidez y presión), además de resultar mucho muy costosos, y tener un alcance muy limitado. Su producción implica los mismos problemas que los biocombustibles: exigen grandes superficies de cultivos industriales que desplazan la producción de alimentos e inducen el cambio de uso del suelo y la deforestación, terminan como basura ordinaria y su degradación sólo es viable en grandes y costosas instalaciones de bio-digestión.

No nos engañemos: el problema de la basura se resuelve con política industrial y gobernanza local.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.