Hoy hace 10 años, el 13 de febrero del 2009, murió de alcoholismo mi hijo Eduardo Ruiz-Healy Álvarez, un hombre brillante que, pese a su enfermedad, obtuvo del gobierno británico la prestigiada beca Chevening para estudiar la maestría en Ciencias Financieras y Desarrollo Económico por la Universidad de Glasgow, Escocia, grado que se le confirió en octubre del 2006.

Años antes, en enero de 1995, después de escuchar al entonces flamante secretario de Hacienda Guillermo Ortiz Martínez explicar la difícil situación económica que enfrentaba nuestro país como resultado del error de diciembre que cometieron el nuevo presidente Ernesto Zedillo y Jaime Serra Puche, su efímero secretario de Hacienda, Eduardo, que tenía 22 años, escribió lo siguiente:

“Hoy por vez primera vi que mi país está enfermo. Ante ninguna otra crisis económica me había yo parado a reflexionar en qué me afectaba, al cabo ese era un problema de adultos, de mi padre, donde yo pedía y él proporcionaba.

“Tristemente, hoy reflexioné sobre el problema cuando Guillermo Ortiz, secretario de Hacienda, expuso por televisión la situación en la que se encuentra México. Al finalizar, lo primero que pasó por mi mente superficial y ligera fue: ‘La disco va a salir carísima, ¿de dónde voy a sacar dinero para seguir saliendo y cuántas veces podré salir a la semana? ¡Qué asco!’, no puedo creer que llegué a pensar esto por más de un segundo. Desafortunadamente, me doy cuenta de que no soy el único que piensa de esta manera; que nos falta conciencia de lo que sucede y cómo ha de trascender esto en nuestras vidas. Caray, en menos de lo que dure este sexenio seremos los que tendremos familias, empleos, negocios y gente que dependa de nosotros para vivir.

“Somos privilegiados, tenemos juventud y educación en nuestras manos. Esto implica que podemos hacer un cambio, exigir y no perdonar a aquellos que causen algún daño injustificado a nuestro país. Es necesario que leamos, platiquemos, observemos, y finalmente analicemos, para poder estructurar una crítica tangible. Debemos rechazar las tentaciones e impurezas que las generaciones anteriores han dejado como una triste costumbre en esta cultura que tan sólo hace 500 años se basaba en el honor de cada individuo para regir su vida. Si nuestra lucha es constante por hacer lo correcto y crear lo positivo, no cabe duda en mi mente que habrá grandes recompensas.

“¿Qué es de los de abajo? Si nosotros pensamos que la subida será difícil desde donde estamos parados, ¿cómo será para aquellos que no gozan ni con el sueño de estar en nuestra posición de privilegio? Ellos ni siquiera se encuentran parados; están de rodillas esperando poder comer mañana.

“Hoy me he puesto a pensar sólo para darme cuenta de lo ciego que he sido y cómo mi cáscara está a punto de podrirse, si no me lavo. El cambio es posible. Está en nuestras manos llevarlo a cabo y terminar con la mentalidad arcaica que tanto tiempo ha podrido y dañado la bandera que con otro fin levantamos hace ya casi 200 años”.

Así pensaba Eduardo. Qué triste que no vivió lo suficiente para servir al país que tanto quiso, porque lo hubiera servido con eficiencia y honradez. Todos los días pienso en él y lo extraño. Lo extrañaré siempre.

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EduardoRuiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.