En 2007, Vivian Maier, una nana retirada que pasaba problemas económicos, no pudo pagar la renta del espacio de bodega donde guardaba sus cosas en el norte de Chicago. El enorme lote de cajas, maletas y demás fue subastado por la empresa de bodegas.

John Maloof, un joven que estaba escribiendo un libro de historia sobre un barrio de Chicago, descubrió que en el lote venían negativos fotográficos y decidió comprarlo. Necesitaba imágenes de la época para ilustrar su libro. 

En el lote de cajas y baratijas, encontró una caja con 30 mil negativos. Cuando empezó a revisarlos descubrió que no le servirían para su libro y los guardó en un closet. Tiempo más tarde, volvió a sacar la caja y empezó a escanear los negativos. Había pocos datos sobre su autora, fuera del nombre, que no arrojaba resultados en Google.

Sin saber mucho de fotografía, las imágenes que veía lo inspiraron a comprar una cámara y salir a fotografiar su ciudad, se volvió fotógrafo aficionado. Un año después, había adquirido una cámara Rolleiflex de formato medio (como la que usaba Maier), había instalado un cuarto oscuro en su casa y tomado cursos sobre historia fotográfica.

Estaba obsesionado con los negativos de Maier. Empezó a conseguir todos los otros lotes que se habían subastado y se propuso armar un archivo. En el lapso de un año, consiguió reunir el 90% de la obra de Maier: una colección de 100 a 150 mil negativos, más cientos de rollos sin revelar, películas caseras y cintas de audio.

Eligió cien fotos del lote y las puso en Internet. Nadie las visitó por meses. Poco después, Google arrojó el primer resultado: un obituario. Vivian Maier había fallecido el 21 de abril del 2009.

Meses después de subir las fotos a internet sin éxito, Maloof insistió, posteando en un grupo de discusión de Flickr (red social donde los fotógrafos compartían su trabajo antes del reinado de Instagram). La respuesta y tráfico fue sorpresiva. Sus 100 fotos se habían vuelto virales.

La historia de Maloof descubriendo a Maier no es nueva. Forma parte de la película documental Finding Vivian Maier (Buscando a Vivian Maier) que el propio Maloof, junto a Charlie Siskel dirigieron en 2013.

Vivian Maier fue una nana que nació en Nueva York y murió en Chicago. Durante tres décadas (de los años cincuenta a los setenta) vivió con distintas familias cuidando a sus hijos. En la película, muchos de ellos son entrevistados. Los que la amaban (y pagaron la renta de un departamento durante su vejez) y los que la pasaron mal. Los amigos que fue haciendo durante el camino, vecinos y dependientes de tiendas. Todos la recuerdan con su cámara Rollei, siempre tomando fotos. Llevando a los niños de paseo por los barrios bajos de Chicago, caminando rápido y fotografiando. 

Maloof se propuso investigar a Maier y catalogar toda su obra. Ver las películas, escuchar los audios, revelar, escanear y documentar cada fotografía. El descubrimiento era relevante. Las fotos de Maier estaban a la altura de los mejores trabajos de fotografía callejera y documental del siglo veinte. Era un clásico no descubierto.

El formato medio en que fotografiaba Maier (a diferencia de sus contemporáneos que usaban 35mm) provoca que sus imágenes tengan mucho mayor detalle que otras que tenemos de la misma época. Hay en su obra muchos autorretratos. Se valía de espejos, reflejos en otras superficies o su sombra; algo que para algunos críticos representa su esfuerzo por estar y no estar ahí, conectando y eludiendo al mundo al mismo tiempo.

La vida de Maier permanecía rodeada en el misterio. Una mujer callada, profundamente reservada, que acumulaba cuando objeto llegaba a sus manos con devoción patológica. Una mujer excéntrica, que fingía un acento francés y haber nacido en Francia (la familia de su madre provenía de una pequeña aldea francesa). Que daba nombres falsos cuando quería y disfrutaba ocultándose en la invisibilidad social de su papel de nana. 

Maier empezó a tomar fotografías en los años cincuenta y continuó con devoción hasta los noventa, como explica Maloof en su presentación del libro Vivian Maier Street Photographer. Tomó más de cien mil fotos y nunca las exhibió, publicó o mostró a nade. 

Geoff Dyer concluye el prólogo diciendo: “Hay, inevitablemente, algo patético en la atracción de Maier por ancianas que de alguna manera representan proféticamente su propio destino: solitarias, arropadas por ropas anticuadas, guardando algún secreto vital que la cámara, en su breve escrutinio apenas alcanza a intuir”.

Roberta Smith, crítica de arte del New York Times dijo en 2012: “Las fotos son maravillosas, con una empatía sin barniz por sus sujetos, que incluyen niños, mujeres, indigentes y ancianos…Su fotografía suma a la historia de la fotografía callejera por su profundidad enciclopédica, su calma, claridad de composición y amabilidad”.

La obra de Maier, siempre de la mano de Maloof, ha sido exhibida con gran éxito en muchas  ciudades del mundo, incluida la pequeña aldea francesa donde Maier pasó su niñez, y documentó la vida de los locales. 

El domingo pasado se cumplieron diez años de su muerte. Como celebración, durante 2019 aparecerán dos nuevos libros sobre ella, la primera biografía completa: Vivian Maier Developed: The real story of the photographer nanny (Vivian Mayer revelada, la verdadera historia de la nana fotógrafa) de Ann Marks. Y una nueva recopilación de su trabajo: Vivian Maier: Out of the Shadows (Vivian Maier fuera de las sombras)de Richard Cahan.

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).