El gobierno ha señalado en reiteradas ocasiones que después de que la actividad económica tocó fondo en el segundo trimestre del año, ha iniciado una recuperación en forma de la famosa “V”. Es decir, el efecto rebote que rápidamente nos debería de regresar a los niveles precrisis. Este patrón de rebote que se viene observando en la mayoría de los indicadores no debe sorprender, pues después de una contracción tan severa como la que tendremos en 2020, los ciclos económicos siempre muestran ese comportamiento.

El Producto Interno Bruto (PIB) registrará una caída estimada en 2020 de -9%, que será la peor recesión desde 1932. Entre ese año y 2019 México ha sufrido ocho recesiones: tres mini-recesiones menores a -1% (1953, 2001/02, 2019), dos medianas hasta -4% (1982/83, 1986) y tres relativamente grandes, 1932 (-14%), 1995 ( -6.3%) y 2009 (-5.3%).   Si nos centramos en esas tres grandes recesiones, se observa que, en los dos años posteriores a la recesión, el PIB rebotó vigorosamente: en 1933 y 1934 (+9.9% y +9.7%), en 1996 y 1997 (+6.8% en ambos) y 2010 y 2011 (+5.1% y +3.7%). Es el patrón que parece marcar la regularidad post recesión del ciclo económico.

No obstante, todo indica que 2021 y 2022 no será compatible con ese rebote que en máximo dos años supera una recesión. El consenso de los pronósticos indica hoy que en 2021 el PIB crecería entre 3.3% y 3.5% y en 2022 entre 2.4% y 2.6%. Es decir, serán expansiones modestas que no recuperarán la caída de 9% en 2020. Es un impacto de “V” incompleta. Un crecimiento más vigoroso que contrarreste la recesión requiere, como se ha señalado en múltiples ocasiones, de un aumento importante de la inversión privada. Pero éste, por ahora, no se ve en el horizonte mientras no haya políticas públicas que aseguren la confianza y el cumplimiento del estado de derecho y sus reglas.

Con las cifras anteriores, es de esperarse que el nivel pre crisis de la actividad económica se podría restablecer en 2024 o 2025. Así, el gobierno de López Obrador será un sexenio perdido en términos de crecimiento y desarrollo. El anhelado bienestar social no se dará y en su lugar estamos viendo un aumento en la pobreza.

En los inicios de año se hablaba de la “cuesta de enero” referida a una escalada de precios. En enero de 2021 tendremos una cuesta de enero diferente, no de inflación sino de desempleo. El pésimo manejo de la pandemia y la obsesión del gobierno de no brindar apoyos económicos para salvaguardar empleos en una recesión, hará que en enero siga el cierre de pequeños comercios y, a los empleos perdidos que difícilmente regresarán, se sumarán más desempleados. La situación es grave y llegará el momento en que el gobierno ya no podrá tapar el sol con un dedo, es decir, ocultar la verdad con una mañanera.

Un nuevo año debe ser un aliciente para seguir adelante, superar los obstáculos y luchar con determinación tanto en lo individual como en lo colectivo. Deseo a todos los lectores(as) un venturoso 2021 y que sigan redoblando precauciones ante la pandemia, que aún está lejana de superarse.

federico@rubli.net

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

Lee más de este autor