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Opinión

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Realidades de la migración ilegal

Federico Rubli Kaiser

Luis, carpintero y albañil, realizaba regularmente trabajos en mi casa; era un trabajador con elevada productividad. Hace poco, su compañero me dijo que Luis ya no vendría, pues “se fue pa’l otro lado”. Su odisea mostró su gran determinación por mejorar su condición de vida a pesar del gran riesgo. Despidiéndose de hijos y esposa, emprendió el viaje a la frontera. Ahí se contactó con un pollero, quien lo llevó a un sitio donde debía cruzar a nado, donde todo dependía de él, de su fornida condición y destreza de nadador. Tres veces cruzó y las autoridades estadounidenses lo regresaron, hasta que tuvo éxito la cuarta vez. Hoy contribuye a los 50,000 millones de dólares anuales de remesas que llegan a parientes de nuestro país. Aunque el pollero en cuestión seguramente no forma parte directa de una organización criminal, para operar su “negocio” tiene que entregar una cuota a dicha organización y que, en este caso, la repercutió a Luis.

Pero evidentemente hay instancias donde el lucrativo negocio de la migración ilegal se da a gran escala. Triste ejemplo es el caso de los 55 muertos en un tráiler que volcó en Chiapas con más de 200 personas que eran transportadas en una peligrosa situación de hacinamiento y falta de oxígeno. Eran dos transportes, el segundo pasó impune. Según un sobreviviente, la cuota individual fue de 11,000 dólares para ser llevados desde Guatemala a Reynosa para luego cruzar. Es decir, el valor del tráiler era de más de 2 millones de dólares. Obvio que la operación implicaba sobornos a retenes de la Guardia Nacional, el Instituto Nacional de Migración y policías locales. El gobierno federal solo lamentó los fallecimientos, pero no hubo ningún pronunciamiento para investigar las redes de corrupción y contubernio entre crimen organizado y autoridades que posibilitan este lucrativo negocio. Los intereses son demasiado elevados para cortar esta actividad.

Una muestra de cómo los tentáculos del crimen organizado abarcan países insospechados, fue la noticia reciente de que en Chiapas descubrieron a 41 ciudadanos de Uzbekistán que eran llevados a nuestra frontera norte. No se dieron mayores detalles, pero que se posibilite la transportación de uzbekos procedentes de 13,000 kilómetros de distancia, es otro ejemplo de lo lucrativo y organizado que es este tráfico de personas.

Finalmente, el New York Times reportó un ejemplo de la penetración internacional y asociación entre países de las mafias de trata de mujeres. Se descubrió en Queens, Nueva York, una red de prostitución que traía con engaños a mujeres de México para ofrecer un servicio muy exclusivo bajo el anuncio de “Nice Mexican Girls” en el que la mujer era llevada al domicilio que eligiera el cliente por los choferes de la organización. La parte mexicana las reclutaba y pasaba por la frontera.

El común denominador de estos cuatro ejemplos es que no sería posible esta migración ilegal sin corromper a las autoridades fronterizas de ambos lados. En todos los casos lo evidente es la falta de voluntad política de combatir en los dos países a las redes del crimen organizado del tráfico de personas. 

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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