Es ése el título del famoso libro del profesor de Cambridge Ha-Joon Chang que cuestionó la estrategia de liberalización comercial y reforma económica promovida como receta para el desarrollo. En La escalera, Ha-Joon utiliza evidencia histórica para argumentar que los procesos de industrialización no se lograron ni por la apertura comercial ni por las buenas instituciones de gobierno. La industrialización de Europa y Norteamérica se alcanzó por medio de políticas que cada país fue tomando: explotación de mercados coloniales, importación de talento, financiamiento estatal a industrias de interés nacional, inversión en tecnología para proyectos militares e espionaje industrial. 

Una de las historias curiosas que cuenta Ha-Joon es como Alemania alcanzó la industrialización porque produjo manufacturas que hizo pasar por prestigiosas vajillas británicas. Los alemanes fueron los chinos de su tiempo. Luego, países como el Reino Unido promovieron políticas de libre comercio, pero cuando ya tenían una industria consolidada. Con esas iniciativas, se quita la escalera porque se elimina la posibilidad de que las naciones en desarrollo experimenten con políticas industriales que sirvan para consolidar industrias nacionales de alto valor agregado.

Ha-Joon refuta otras hipótesis: una es que las recetas de política exitosas del este de Asia sólo pueden ser aplicadas en países con características culturales de la zona, cuando buena parte de éstas ya habían sido políticas industriales en Europa y EU. Otra es que una nación tiene que realizar una profunda reforma institucional antes de industrializarse, cuando países desarrollados lo lograron con políticas industriales, en un momento en el que los bancos centrales no eran independientes, la regulación financiera era endeble y nadie controlaba la competencia. 

En su visita a México, Ha-Joon compara a su natal Corea con México: es conocido como ese país, después de 40 años de políticas ortodoxas triplica el PIB en comparación con el nuestro, el campeón de las políticas liberales. La diferencia es que ellos crecieron 6% en promedio y nosotros 2%, a pesar de que somos una potencia exportadora. Ha-Joon indica que el problema está en que México no incrementó su valor añadido industrial, sin políticas de absorción de tecnología, de investigación y desarrollo, de formación de capital humano especializado, de inversión de infraestructura para la industria. Eso se tradujo en bajo crecimiento y en empleos de mala calidad. No era cierta la idea de que un sector de servicios moderno sería suficiente para detonar crecimiento y mejor empleo. México tendría que plantear una política industrial mucho más activa, con mecanismos enfocados en consolidar manufactura de mayor valor agregado y mayor contenido nacional y tecnológico. Entonces aprovechar lo que se ha ganado como exportador. Eso requiere traer de regreso la escalera y pensar en instrumentos de política industrial como compras públicas, financiamiento de largo plazo, investigación y desarrollo, ligar inversión extranjera a la transferencia de tecnología y buscar mecanismos de protección a industrias que van a detonar crecimiento.

 

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.