Era la jefa de La Unión. Ruth Uribe carecía de la formación ideológica de Rosario Robles o los excéntricos gustos de Elba Esther Gordillo, pero era una de las mujeres sindicalistas más influyentes de México.

Apenas tenía 44 años -madre soltera de un hijo-, pero en su calidad de apoderada del Sindicato Nacional de Trabajadores y Empleados de la Industria Alimenticia, Restaurantera, Bares, Cantinas, Hoteles, Moteles, Similares y Conexos controlaba más de un millar de antros, discotecas y bares en casi un millar de hoteles de todo el país.

Al igual que su padre, José Guadalupe Uribe, traía escolta permanentemente. Su jefe de seguridad era un exkaibil. Aun así, hace una semana fue ultimada. La hallaron dentro de su Ford Explorer, blindada, con dos impactos en la nuca, a menos de 500 metros de su casa, según consigna la averiguación previa iniciada por la Procuraduría General de Justicia mexiquense.

El último jueves de septiembre, muy temprano, recibió una llamada telefónica en su casa. Sin más, salió con rumbo desconocido. Sus padres estaban en Coyuca de Benítez y llamaron a los amigos más cercanos para preguntarles si ella había establecido algún contacto. Antes de denunciar su desaparición, buscaban recabar la mayor información posible.

En primera instancia, los investigadores supusieron un intento de secuestro, pero nadie llamó para pedir rescate. Ruth estuvo 12 horas desaparecida. Sus familiares nunca dudaron que se trató de un levantón. Sus asesinos - eran sicarios , describen- utilizaron un revólver calibre .25 y actuaron con la sangre fría del crimen organizado, con el que mantuvieron constantes roces.

Sus amigos recuerdan que no hace mucho, en El Paraíso, un antro que Lupe Uribe abrió en Tlalnepantla justo a un costado de sus oficinas, llegaron unos emisarios de La Familia Michoacana para exigirles una cuota . Prefirieron cerrar que ceder a la extorsión.

No es que se hubieran amedrentado. Todo lo contrario. Pero todavía estaba reciente un confuso incidente en ese local -algunos testigos hablan de una riña entre policías; otros, de la intentona de secuestrar a Juan, primogénito de la familia Uribe Soria, en el que se vio involucrada la esposa de don Lupe, quien detonó un arma de fuego. En su memoria estaba otro incidente, ocurrido a mediados de 1998, cuando Juan fue víctima de un intento de asalto.

Lo mismo habría hecho su marido, si hubiera estado presente. Pero después de dos infartos y múltiples amenazas de muerte, Uribe Guevara pasa casi todo el tiempo en La Montosa, una ínsula en la laguna de Coyuca, donde estableció el desarrollo turístico Bungalows Playa Azul. Desde allí, controlaba su imperio sindical y los negocios de la familia, entre los que se cuentan una funeraria y un table dance.

Tampoco es muy lejano aquel enfrentamiento entre don Lupe y el cetemista y exalcalde de Cuautitlán Izcalli, Axel García Aguilera, por el control de las rutas de transporte público que corren por Periférico Norte. El clímax de sus pleitos merece una escena en una película: Si no jalas el gatillo ahorita, te voy a romper la madre , retó Uribe a su opositor, quien lo había encañonado.

A lo largo de dos décadas, Uribe Guevara estuvo al frente de las Organizaciones Sindicales Fidel Velázquez , que estuvo adherida a la CTM del Estado de México. En sus orígenes, participó en los grupos de choque del extinto Wallace de la Mancha, uno de los golpeadores preferidos de Fidel Velázquez. A finales de la década de los 90, participó en el recuento de los trabajadores del Hotel Presidente y después de la planta de Ford, en Cuautitlán Izcalli.

Por esos hechos, en los que murió el trabajador Cleto Nigmo, estuvo casi tres años en la cárcel de Cuautitlán. Cuando salió, comenzó a tomar el control de las organizaciones que Wallace dejó en la orfandad tras de su deceso. Muy pronto llegó a representar a 90% de los concesionarios de combis, microbuses y taxis en el Estado de México y de líneas camioneras en otras cinco entidades de la República Mexicana. También erigió una unión de crédito y una empresa para reconvertir a gas natural a los micros.

Si bien Ruth Uribe nunca resultó electa como lideresa obrera, buscó ocupar su lugar dentro del mundo de los líderes sindicales a partir de su propio esfuerzo. Y es que gracias a las gestiones del entonces alcalde panista, Rubén Mendoza Ayala, obtuvo autorización para abrir una modesta fonda que bautizó como La Unión, ubicada a un lado de un restaurante-bar propiedad de su padre. La licencia de funcionamiento está firmada por el exsenador Ulises Ramírez, actual líder de la bancada panista en la Legislatura mexiquense.

En el 2009 cambió de afiliación y comenzó a trabajar con el PAN. Al final de las campañas por la gubernatura del Estado de México, en el 2011, prometió 1 millón de votos para el abanderado blanquiazul, Luis Felipe Bravo Mena, y en las pasadas elecciones federales respaldó a la estructura electoral del PAN.

Las últimas pesquisas descartan la injerencia del crimen organizado y apuntan a una venganza. Refieren a los conflictos que los Uribe sostienen desde hace tres décadas con dirigentes de la CROC.

EFECTOS SECUNDARIOS

DESLINDE. De la oficina del secretario de Agricultura, Francisco Mayorga: en esa dependencia para nadie se trabaja -ni en favor o en contra- en la sucesión del Consejo Nacional Agropecuario. La cargada favorece al candidato oficial, Benjamín Grayeb.