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Opinión

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Qué representa la inequidad de género en el mercado laboral

En países como el nuestro, es claramente evidente que no basta la promulgación de leyes.

Raúl Martínez Solares

Conseguir la igualdad de género y empoderar a las mujeres y las niñas son tareas pendientes de nuestra época y constituyen el mayor desafío en materia de derechos humanos del mundo.

António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas.

Como cada año, esta semana se conmemora el día Internacional de la Mujer.

A décadas de haberse generado las primeras legislaciones que buscan conferir igualdad a las mujeres (por ejemplo, en temas de voto) y existiendo en buena parte de los países desarrollados o emergentes reglamentaciones que prohíben la discriminación en temas laborales, se siguen dando prácticas cotidianas de discriminación que impiden la inclusión con equidad en el mercado laboral.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, la tasa de actividad de las mujeres en el mercado laboral es cercana a 50%, pero es casi 27 puntos porcentuales inferior a la participación de los hombres, siendo en las economías emergentes en donde esta brecha es mayor (31 puntos porcentuales). También en la tasa de desempleo existe una brecha desfavorable para las mujeres, siendo en promedio a nivel mundial de casi 1% mayor el desempleo en mujeres que previamente tenían un empleo.

La brecha salarial en países miembros de la OCDE es de cerca de 15%, siendo mayor en segmentos de ingreso medio o alto. Además, existe una marcada concentración de mujeres en empleos sin remuneración o de bajo nivel de remuneración (tres veces más que en el caso de los hombres), con una mayor concentración de mujeres en sectores cuyos empleos tienden a tener menores niveles de ingreso, en sectores como la educación o la salud.

De acuerdo con distintas estimaciones, la reducción de la brecha de participación en el empleo a nivel mundial puede representar un enorme potencial de beneficio económico; reducir en 25 puntos porcentuales para el 2025 dicha brecha (uno de los objetivos del G20) puede representar un crecimiento superior a 5% del empleo a nivel mundial, siendo la mayoría de ellos susceptibles de ser creados en economías emergentes como México.

Algunos de los mecanismos que se han planteado como indispensables para reducir la brecha de género en la actividad laboral son la obligación de la transparencia en sueldos en las empresas, legislación aplicable y efectiva para pagar salarios iguales y la creación de mecanismos de política pública educativa que promuevan la mayor participación de las niñas en las carreras con mejores retornos laborales, como las relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

En países como el nuestro, es claramente evidente que no basta la promulgación de leyes, si se carecen de mecanismos que permitan su observancia y castigo en caso de incumplimiento.

En el libro What Works: Gender equality by design de Iris Bohnet, se hace referencia a qué mecanismos se pueden utilizar para propiciar la equidad de género a partir de políticas conductuales diseñadas para ex profeso. Se narra, por ejemplo, cómo se logró en las orquestas sinfónicas del mundo un crecimiento de 5 a 35% en la participación de mujeres, simplemente a partir del establecimiento de audiciones ciegas, que inhibieran el sesgo de discriminación, incluso aquel sesgo inconsciente presente en personas que — por condiciones de cultura, patrones de conducta y formación— creen que no discriminan.

Además de la discriminación directa, existen estos sesgos inconscientes de conducta, presentes cotidianamente en la vida de las personas, propiciando momentos que favorecen la inequidad de género.

En el caso de México, avanzar más allá de la retórica hacia la construcción de mecanismos de política pública que efectivamente reduzcan la inequidad, no sólo es el mejor interés de justicia e igualdad, sino además indispensable para favorecer el crecimiento económico y la generación de riqueza para las familias.

Mantener la preocupación de insistencia sobre este tema es fundamental. Como hombres, se lo debemos a nuestras madres, a nuestras parejas y a nuestras hijas.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter: @martinezsolares

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Raúl Martínez Solares

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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