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¿Qué logró la Cumbre del G7 de Hiroshima?
Tres claros ganadores surgieron de la Cumbre del G7 de Hiroshima. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, recibió una poderosa demostración de la continua solidaridad entre el G7 y Ucrania; se reafirmó la determinación del G7 de castigar a Rusia, y el primer ministro japonés, Fumio Kishida, reforzó su apoyo entre el público japonés.
TOKIO – La geopolítica dominó la cumbre del G7 recién concluida en Hiroshima, donde el participante más destacado no fue un líder del G7, sino el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. La visita del líder de un país bajo amenaza de un ataque nuclear ruso al Monumento a la Paz de Hiroshima fue el momento crucial de la cumbre.
La elección de Hiroshima como sede de la cumbre fue importante para el primer ministro Fumio Kishida por dos razones. Primero, el distrito electoral de Kishida está en Hiroshima. Organizar uno de los eventos internacionales más destacados en su ciudad natal aumentará su popularidad allí. En segundo lugar, llevar a los líderes mundiales a la ciudad donde se usó la primera bomba atómica es importante para cualquier político japonés, y resuena aún más cuando las amenazas nucleares del presidente ruso, Vladimir Putin, todavía resuenan.
La popularidad de Kishida había disminuido desde el comienzo de su mandato como primer ministro, en octubre de 2021. Sus paquetes de política económica, como el “nuevo capitalismo” y la “ciudad jardín digital”, sólo han tenido una recepción tibia. Entre julio del 2022 y enero del 2023, su índice de aprobación se desplomó del 59% al 33%, antes de recuperarse al 46% en mayo de 2023 a medida que se acercaba la cumbre.
El impacto de la cumbre en la popularidad de Kishida refleja en parte un cambio decisivo en el sentimiento público japonés hacia una alineación de seguridad más estricta con Estados Unidos. Frente a los misiles norcoreanos que aterrizan con frecuencia cerca de las aguas territoriales de Japón frente a Hokkaido, y los barcos armados de la guardia costera china que ingresan regularmente a sus aguas territoriales frente a las islas Senkaku, la presencia de Estados Unidos es más necesaria que nunca.
Asimismo, el cambio en Corea del Sur de una administración antijaponesa a una administración projaponesa ha ayudado a Kishida. El presidente de Corea del Sur, Yoon Suk Yeol, valientemente decidió honrar el tratado de 1965 que resolvió las reclamaciones relacionadas con el uso de trabajo forzado por parte de las empresas japonesas durante la guerra. Las sanciones económicas de ojo por ojo de los países han terminado y se han reanudado las visitas bilaterales de sus líderes.
El público japonés parece apoyar no sólo la solidaridad de Kishida con el G7 al castigar a Rusia por su invasión a gran escala de Ucrania, sino también sus severas advertencias a China contra una invasión militar de Taiwán y sus esfuerzos por establecer vínculos cada vez más amistosos con Corea del Sur. La diplomacia, no la política económica, sustenta el repunte de la popularidad de Kishida, y la cumbre de Hiroshima fue la cereza del pastel. Kishida podría decidir capitalizar su creciente índice de aprobación convocando elecciones anticipadas pronto.
Si bien el impacto económico de la invasión rusa causó problemas inmediatos para los países europeos en la Cumbre del G7 de este año, para Japón y Asia la lucha en Ucrania todavía parece lejana. Japón no está enviando ningún equipo militar a Ucrania, debido a una interpretación de larga data de la constitución de “paz” de 1947.
Las amenazas de China y Corea del Norte son mucho más inmediatas, y la alineación decisiva de Japón con el G7 en apoyo de Ucrania refleja la comprensión de que lo que sucedió allí, un ataque no provocado por parte de un país vecino, podría suceder en Corea del Sur, Japón o Taiwán. Rusia hizo añicos la ilusión de que tener una constitución de paz es suficiente para evitar un ataque militar de un vecino hostil. El derecho internacional y las Naciones Unidas parecen impotentes ante un agresor que es miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Dadas las repetidas amenazas nucleares de Putin, no sorprende que Kishida llevara a los líderes del G7 al Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, que en sus exposiciones revela el impacto infernal en las personas y las estructuras físicas causado por una sola bomba. El comportamiento de Rusia en Ucrania ha hecho de los desastres nucleares de Hiroshima y Nagasaki un presagio con el que el mundo debe contar.
Aún así, el apoyo del público japonés a Ucrania es algo sorprendente, dada la historia pacifista del país desde 1945. Los movimientos de desarme nuclear en Japón eran tradicionalmente una mezcla de dos grupos civiles. Uno, compuesto por víctimas de Hiroshima y Nagasaki, mantuvo estrechos vínculos con los partidos comunistas y socialistas. El otro, más idealista, cree que la abolición de todas las armas nucleares conducirá finalmente a la paz mundial.
Anteriormente se criticaba implícitamente a Estados Unidos por usar bombas nucleares contra civiles japoneses. Cuando el movimiento de izquierda era fuerte, entre los años 1950 y 1970, una visita de un presidente estadounidense a Hiroshima era impensable. Sólo cuando el movimiento antinuclear se hizo más apartidista, un presidente de Estados Unidos se sintió capaz de visitar Hiroshima sin sentir que su país se estaba disculpando. Y eso no sucedió sino hasta 2016.
Mucha gente interpretó la visita del presidente estadounidense Barack Obama a Hiroshima y la visita del primer ministro japonés Abe Shinzō a Pearl Harbor como el cierre silencioso de la “Guerra del Pacífico” por parte de los dos países y el legado del ataque nuclear. Hoy, la invasión rusa de Ucrania y su amenaza de usar armas nucleares ha transformado el movimiento de desarme nuclear de Japón en un movimiento antirruso.
El primer día de la Cumbre del G7, los líderes emitieron un informe titulado “La visión de Hiroshima de los líderes del G7 sobre el desarme nuclear”. La declaración es pragmática, aunque el objetivo final es idealista: “lograr un mundo sin armas nucleares con seguridad para todos”. Y condena a Rusia, cuya “retórica nuclear irresponsable, el socavamiento de los regímenes de control de armas y la intención declarada de desplegar armas nucleares en Bielorrusia son peligrosos e inaceptables”.
La Cumbre del G7 en Hiroshima logró más que una poderosa demostración de la continua solidaridad entre el G7 y Ucrania. También permitió a los países que han estado sentados en la cerca, particularmente India y Brasil, comprender el costo real que está pagando Ucrania y la amenaza que la invasión representa como precedente. Para Kishida, la cumbre resultó ser un gran éxito político. Pero las ramificaciones geopolíticas de la reunión podrían resultar aún más positivas.
*El autor es exviceministro de finanzas de Japón, es profesor en la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia y profesor principal en el Instituto Nacional de Graduados en Estudios Políticos en Tokio.