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Opinión

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¿Qué le pasó al súper peso?

La perspectiva de crecimiento de la economía se ha reducido en estos días.

Durante los últimos 28 días, la paridad peso-dólar ha pasado de un mínimo de 11.96 a 12.86 pesos al cierre de ayer, una depreciación de 7.5% que ha borrado todo el avance que había presentado el peso frente al dólar durante el año.

El peso mexicano no experimentaba un periodo de tanta debilidad desde hace casi exactamente un año. En aquella ocasión, la paridad peso-dólar pasó de 12.90 a 14.33 pesos–una depreciación de 11%- entre el 2 de mayo y el 1 de junio. La depreciación de las últimas cuatro semanas se da después de un periodo de fuerte apreciación que llevó la paridad de 13 pesos por dólar a 11.96 pesos durante los primeros tres meses del año.

A principios de este año argumentamos que bajo un contexto de continua intervención por parte de los principales bancos centrales del mundo -sobre todo de la Fed- y suponiendo un entorno internacional económico y geopolítico sin mayores sobresaltos, la mesa estaba puesta para una continua apreciación que podría llevar la cotización peso-dólar por debajo de los 12 pesos, lo cual sucedió brevemente.

Esta apreciación se dio en medio de tres factores fundamentales: i) una fuerte disminución a la aversión al riesgo a nivel global, consecuencia de la gran liquidez provocada por la intervención de los bancos centrales; ii) un optimismo cauteloso en cuanto a la situación económica y financiera a nivel global, y iii) una importante mejoría en la percepción sobre México como destino de inversión, tanto de portafolio como directa, incluyendo la renovada expectativa de reformas claves, como la energética y la fiscal.

La súbita depreciación del peso frente al dólar durante las últimas cuatro semanas se ha dado en medio de un cambio trascendental en por lo menos dos de los factores mencionados en el párrafo anterior. Por un lado, la volatilidad se ha hecho presente en los mercados ante un importante aumento en la aversión al riesgo, producto del miedo a que los principales bancos centrales –en concreto la Fed– detengan la máquina de billetes que ha impulsado a los mercados accionarios a máximos históricos.

Por otro lado, las expectativas tan positivas sobre México se han venido moderando. A pesar de la mejoría en la perspectiva de calificación de riesgo crediticio soberano de México, la economía de nuestro país ha entrado en una fase de desaceleración más profunda de lo esperado durante el comienzo del 2013. En este entorno, el hecho de que las ansiadas reformas estructurales en el sector energético y en el tema fiscal sean un proyecto y no una realidad juegan en contra del peso.

A pesar de la reciente depreciación, el escenario base para este columnista sigue siendo uno donde el peso recupera gran parte del terreno perdido en semanas recientes durante la segunda mitad del año con el tipo de cambio cerrando cerca de 12 pesos por dólar. Sin embargo, para que esto ocurra es necesario que se cumplan cuatro condiciones: i) que la Fed no comience a normalizar su política monetaria de manera anticipada; ii) que las reformas energética y fiscal se materialicen durante la segunda mitad del año; iii) que la economía global siga creciendo, aunque sea a tasas extremadamente moderadas, y iv) que la economía mexicana muestre un mayor dinamismo en los próximos trimestres.

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