La fragilidad es la calidad de las cosas que son vulnerables a la volatilidad.

Nassim Nicholas Taleb.

A lo largo del año, pero particularmente en las últimas semanas, hemos presentado episodios importantes de volatilidad en factores como el tipo de cambio y las tasas de interés.

La economía mexicana nunca ha sido ajena a dicho tipo de movimientos; sin embargo, la volatilidad recientemente enfrentada, por su profundidad y lo breve del lapso en el que se presenta, así como por su magnitud, resultó particularmente sorpresiva y alarmante.

Tratándose del tipo de cambio, la volatilidad responde, en primer lugar, a factores de percepción negativos respecto del futuro inmediato de la economía mexicana. De manera complementaria, la volatilidad se vio aumentada por el fortalecimiento del dólar contra prácticamente todas las monedas a nivel internacional y, adicionalmente, por la caída de los precios del petróleo, lo que magnificó el efecto que se presentó, fundamentalmente derivado de las dudas e incertidumbre generada por algunas acciones, adelantadas, del próximo gobierno de México.

La cancelación del proyecto del aeropuerto en sí mismo no representa un factor que provoque una alteración del tipo de cambio. El elemento que detona la volatilidad es la percepción de los mercados internacionales, que ven en esa señal una potencial advertencia de cuál puede ser el tono de las decisiones del próximo gobierno y que puede generar dudas sobre la seguridad jurídica los contratos futuros en otros temas, así como en la forma en la que se definan programas de política pública prioritarios.

Y no se trata, como pudiera de manera simplista pensarse, de ataques meramente especulativos. Se trata de inversiones de fondos nacionales e internacionales (algunos de ellos grandes fondos de pensiones), que ante el temor de un potencial deterioro de las condiciones económicas de México y de un crecimiento de la incertidumbre sobre el futuro venden posiciones de inversión denominadas en pesos, para comprar instrumentos de inversión denominados en dólares y esa combinación de efectos genera una depreciación del peso y una apreciación del dólar en relación con nuestra moneda.

Los grandes flujos internacionales de recursos, tanto financieros como de Inversión Extranjera Directa, ante todo rehúyen y temen a la incertidumbre. Incluso ante escenarios medianamente negativos pero conocidos, no llegan a reaccionar de manera tan brusca, como lo hacen ante la incertidumbre de posibles cambios de los que no conocen su profundidad u orientación y que, por lo tanto, pueden contemplar escenarios negativos extremos.

Las presiones sobre el tipo de cambio responden a fenómenos estructurales, pero también, como en este caso a temas coyunturales y, tal como lo vimos en años anteriores, una presión sostenida sobre el tipo de cambio termina por trasladarse hacia el precio de insumos o productos que tienen algún componente en dólares, lo que genera una presión sobre los precios de la economía nacional.

En momentos como los actuales, en que es fundamental evitar que la inflación continué una senda de crecimiento —fuera de los parámetros establecidos como objetivo— la presión del tipo de cambio puede alimentar, más rápidamente de lo previsto, el crecimiento de los precios.

Ante ello, la única respuesta existente en términos de política monetaria es que el banco central eleve las tasas de interés para tratar de frenar la depreciación del peso (premiando la permanencia de las inversiones en pesos) y, simultáneamente, generando mecanismos afectando el consumo para buscar una reducción de la inflación.

La volatilidad además presiona las tasas de interés. Conviene recordar que la tasa de interés representa es el valor del dinero y ésta tiene que premiar el no usar el dinero hoy sino en futuro, por lo que tiene que compensar el tiempo, la inflación y el riesgo implícito a la inversión. Por ello, ante incrementos en la percepción de riesgo del país, la tasa sube generando efectos negativos para la economía y, en un proceso complejo, provoca la reducción de valor de los fondos invertidos como ocurre con los recursos en las afores para las pensiones futuras de los trabajadores.

Cierto grado de certidumbre es vital para planear todos los aspectos de la vida, especialmente la económica y financiera. De ahí la importancia de tener un país en que tengamos la relativa certeza de que se cambiará aquello que nos impide crecer, pero se mantendrá aquello que nos da la certidumbre para poder seguir haciéndolo.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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