En las últimas semanas se ha desarrollando en las páginas del Financial Times, entre sus columnistas y otros invitados, un interesante debate sobre el capitalismo.

Todos intentan responder: ¿existe un futuro para el capitalismo? Como en otros momentos críticos de la historia, muchos dudan que tenga futuro en medio de la actual crisis financiera. Pienso que sí porque como dijo Sir Winston Churchill, de la democracia, es el peor sistema excepto por todos los demás probados.

Mercado libre y propiedad privada son los elementos fundamentales del capitalismo. El mercado es una institución mucho más antigua que el capitalismo. En forma incipiente ya existía en la antigua Grecia y Roma en combinación con la esclavitud. El sistema capitalista surge con la Ilustración, en el siglo XVII, al liberarse los mercados de trabajo y capital del sistema feudal de privilegios y castas.

En los últimos 200 años el sistema capitalista ha demostrado una enorme capacidad para crear riqueza. A pesar de periodos marcados por crisis en la economía mundial, ésta no ha dejado de crecer, la esperanza y calidad de vida siguen aumentando, y la pobreza disminuye. Se estima que el producto per cápita global se ha multiplicado 10 veces después de un milenio de estancamiento, el avance tecnológico ha permitido al planeta Tierra albergar seis veces más población.

La economía socialista en sus versiones soviética y maoísta fracasó rotundamente. Basta comparar los contrastantes resultados de dos raros experimentos controlados en economía: el desarrollo de Alemania Occidental y la antigua Alemania Oriental en Europa durante 40 años, y entre Corea del Sur y Corea del Norte en Asia a pesar de iniciar sus etapas de desarrollo en condiciones similares. Atento a estos experimentos y al desastroso manejo de la economía en la era de Mao, Deng Tsiao Ping dirigió a China hacia la economía de mercado y gradualmente al capitalismo.

Joseph Schumpeter era particularmente pesimista sobre el futuro del capitalismo, igual que Karl Marx pensaba que terminaría fracasando, aunque por razones diferentes.

El sistema capitalista ha sido inestable. Fases de expansión son seguidas por recesiones, pánicos y, en algunos casos, depresiones. Para Schumpeter esto era parte de proceso natural del crecimiento económico.

El crecimiento ocurre en fase de expansión porque la innovación no se distribuye uniformemente, sino que aparece de manera discontinua. La primera fase de innovación genera imitadores, una segunda ola, exceso de inversión, hasta que se termina inundando el mercado de productos, caen las ganancias y aparece una recesión. En su visión, la recesión es necesaria para forzar la salida del mercado de firmas ineficientes y forzar a las compañías a reducir costos y racionalizar sus operaciones. El desarrollo económico es un ciclo infinito de destrucción creativa.

El proceso de crecimiento por medio de la destrucción creativa enfrenta enemigos. De un lado, el natural temor de los individuos a la incertidumbre y lo intereses especiales de los hombres de negocios que buscan limitar la destrucción de sus ganancias influyendo en proceso político de toma de decisiones.

Sin innovación, el sistema capitalista pierde su dinamismo y se convierte en capitalismo de amigos (Crony Capitalism), como pasa en economía modernas, incluyendo México. Su futuro dependerá de una articulación creativa de mercado libre, propiedad privada y gobierno que regule la economía y promueva la competencia y la innovación.

La última crisis financiera demostró una vez más que el viejo sistema capitalista no puede regularse a sí mismo.

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