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¿Puede ganar la oposición en 2024?
La estrategia de López Obrador durante toda su carrera ha sido siempre doblar la apuesta, por contradictorio, absurdo o ridículo que fuese. De quemar pozos petroleros pasó a extorsionar a través de plantones y bloqueos de vías de comunicación. Los gobiernos, como siempre, pagaron la extorsión y permitieron que López Obrador siguiera subiendo la apuesta. Paradójicamente, cada vez que perdía, ganaba. No reconocía su derrota, se victimizaba y movilizaba a gente humilde con dinero que el mismo gobierno le había dado.
Así pasó de ser un candidato perdedor en Tabasco, a líder nacional del PRD. Una vez más, nuestra clase política lo dejó pasar, y a pesar de no cumplir con los años de residencia en el Distrito Federal que exigía la ley para ser candidato a la Jefatura de Gobierno en el 2000, el expresidente Zedillo dio la orden de dejarlo violar la ley y permitirle ser candidato.
Ya como Jefe de Gobierno -la primera vez que tuvo poder real-, se dedicó a extorsionar (Bejarano y sus ligas) y desviar dinero para su próxima campaña presidencial. De ahí las reservas por doce años de información de la construcción del segundo piso del periférico y otras obras.
Como lo hace hoy, desde entonces se dedicó a desacatar resoluciones judiciales victimizándose y, sí, doblando la apuesta. El mal cálculo político de Fox le compró la apuesta y lo desaforó, sólo para arrepentirse unos días después. López Obrador vendió su imagen de víctima y perseguido político y perdió la presidencia.
Una vez más, dobló la apuesta, tomó Paseo de la Reforma, y pretendió bloquear el acceso al Congreso para que Felipe Calderón no pudiera tomar posesión. Hizo campaña y violó, otra vez, la legislación electoral. En 2012 perdió por un amplio margen frente a Peña Nieto, y aún así mandó a sus grupos de choque para tratar de impedir -again- que el presidente electo pudiera tomar posesión.
Para 2018 cambió el discurso y se disfrazó de moderado, prometiendo una lucha contra la corrupción (él, que siempre vivió de la extorsión política y el desvío de recursos). Mucha gente le creyó y ganó las elecciones presidenciales. Una vez que tomó el poder, el lobo tiró el disfraz de oveja y fue destruyendo todo aquello que supusiera un contrapeso a su poder.
Hoy pretende destruir al último baluarte de la Constitución: la Suprema Corte. El gobierno de López Obrador ha destruido infinidad de instituciones y programas, y no ha construido nada que medianamente sirva. Lo que sí funciona son sus payasadas de todos los días. Quise hacer este resumen para dejar claro que: 1) sí podía saberse, y 2) López Obrador volverá a doblar la apuesta para no perder el poder, así es que las elecciones de 2024 serán un marranero. ¿Qué opción hay para impedir la muerte de nuestra democracia? Los partidos políticos que tanto éxito tuvieron con su alianza en la elección de 2021 parecen querer sabotearse.
Algunos porque sus líderes se han vendido al gobierno y otros por la soberbia de sus dirigencias, que pretenden posicionar candidatos que, si bien pueden ser experimentados y capaces en el servicio público, no tienen posibilidad de ganar. Parece que aún no han entendido que a López Obrador se le gana al nivel de los sentimientos, de las vísceras, de la adrenalina, y no con discursos conciliadores, burocráticos y aburridos pronunciados por cartuchos quemados: aquello que precisamente los electores rechazaron en 2018.
En estas circunstancias, la pregunta que debemos responder es si los partidos de oposición tienen un candidato competitivo. Me parece que la respuesta es un rotundo, no. ¿Pueden tenerlo? Sí, pero sólo si van en alianza y con una propuesta de gobierno de coalición que permita retomar el rumbo perdido. Esta alianza sólo será exitosa si el candidato proviene de la sociedad civil y es conocido y respetado.
Eso sí, los partidos deberán romper su molde y por primera vez ser ellos los que le doblen la apuesta a López Obrador. Nada de timoratos y puristas. La próxima elección se ganará con sentimiento y adrenalina, y no será apta para cardiacos. Continuará...
@gsoriag

