El ultimátum de WhatsApp a sus usuarios —o aceptas la nueva política de privacidad o te niego el servicio a partir del 8 de febrero— ha sido pospuesto. Es una linda concesión de Facebook Inc., compañía dueña de WhatsApp, para que los 2,000 millones de usuarios de la plataforma de mensajería tengan tiempo de “revisar la política de privacidad a su propio ritmo”.

El ultimátum, sin embargo, sigue vigente, con nueva fecha: 15 de mayo. El aplazamiento no se debe a una “fuga masiva” de usuarios, sino al reconocimiento de un error de comunicación de WhatsApp al momento de anunciar el nuevo aviso de privacidad. El anuncio asustó a los usuarios y provocó una ola de rumores y desinformaciones. Consecuencia catastrófica: resten a los 2,000 millones de usuarios de WhatsApp fuera de la Unión Europea los 25 millones que huyeron a otros proveedores de mensajería instantánea, como Telegram o Signal.

¿Pero qué significa la nueva política de privacidad de WhatsApp? Una sola cosa, muy concreta: que las comunicaciones que se realicen entre empresas y usuarios —por ejemplo, entre una agencia de viajes que dialoga con un cliente potencial a través de WhatsApp— podrán ser almacenadas por esas empresas en los servidores de Facebook. Es todo. Pero es un todo tan relevante para el modelo de monetización que Facebook, dueña de WhatsApp, se vio obligada a comunicarlo a los usuarios.

Facebook pagó por WhatsApp 19,000 millones de dólares, unos 280,000 millones de pesos de hace seis años. Le urge incrementar la monetización de la aplicación, instalada en miles de millones de teléfonos móviles en el planeta y que en algunos países se volvió un genérico de la comunicación digital. “Mándame un whats” o “Nos whatsapeamos” son comunes en México, como lo es también el término “guglear”.

La razón del ultimátum se encuentra en los siguientes enunciados que WhatsApp difundió para contener las marejadas de desinformación:

1. “Algunas empresas grandes necesitan usar servicios de alojamiento web para administrar sus comunicaciones. Por lo tanto, les brindamos la opción de usar servicios de alojamiento web seguros de Facebook para administrar los chats de WhatsApp con sus clientes, contestar preguntas y enviar información útil, como recibos de compra”. A diferencia del resto del servicio, que se supone cuenta con una encriptación de las comunicaciones (texto y voz) de extremo a extremo (códigos y fórmulas matemáticas para codificar y proteger los mensajes), los chats entre empresas y clientes sí quedarán expuestos en los servidores de Facebook y a disposición perenne de esas empresas.

2. “Pero ya sea que te comuniques con una empresa por teléfono, correo electrónico o WhatsApp, esta empresa puede ver la información que le estás compartiendo y utilizarla para sus propios fines de marketing, los cuales podrían incluir el uso de publicidad en Facebook”. Así que no te sorprenda que la agencia de viaje haga minería de datos con las conversaciones que has sostenido con ella en WhatsApp ni que luego te presente, casualmente, publicidad a través de la red social Facebook.

3. “A fin de garantizar que estés debidamente informado, añadimos un indicador en las conversaciones con las empresas que eligieron utilizar los servicios de alojamiento web de Facebook”. O sea, cuando interactúes con la agencia de viajes que he mencionado como ejemplo encontrarás un señalamiento que te informará de que esa agencia guardará la conversación en los servidores de Facebook y que esa conversación será explotada para fines comerciales, como son todos los datos personales que recaban las compañías de la economía digital.

Hay que recordar, siempre: WhatsApp es propiedad de Facebook, la mayor extractora de datos personales del planeta. Desde 2016, WhatsApp comparte con Facebook datos personales de sus usuarios. La novedad hoy es que una mala comunicación de WhatsApp puso en alerta a los usuarios sobre la protección de su información personal, expoliada desde hace cuatro años, y eso, no queda duda, hay que celebrarlo. 

 

José Soto Galindo

Editor de El Economista en línea

Economicón

Periodista. Desde 2010 edita la versión digital de El Economista en la Ciudad de México. Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la Universidad de Guadalajara. Tiene especialización en derecho de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Su blog personal es Economicón.

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