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Opinión

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Priva un pesimismo absurdo

Hay la aceptación de que hoy las cosas están un poquito mejor en la economía que en los meses anteriores. Sin embargo, existe un pesimismo tan pesado que aumentan los que creen que tanto la familia como el país van a estar peor dentro de un año.

La confianza de los consumidores es muy útil para mejorar la imagen de un gobierno que se ha devaluado por la situación económica, pero es indispensable para que la maquinaria económica se salga del pasmo en el que se encuentra.

Era imposible imaginar que el duro impacto de la reforma fiscal en los bolsillos de los consumidores no pasaría factura a la confianza de los ciudadanos. El gobierno les ha metido la mano de manera más profunda en el bolsillo y no hay un retorno visible en un mayor bienestar general.

Pero también la absurda e inútil discusión sobre si la economía estaba en recesión o no durante el inicio de este año permeó en la opinión pública como una lucha entre los analistas buenos que pretendían desnudar a los funcionarios malos que pretendían ocultar una enorme crisis en el país.

Nadie entendía y a pocos les importaba que los promotores de este discurso pesimista salieran con sus explicaciones técnicas, que argumentaban que hay expertos que consideran la recesión como el hecho de que la economía crezca por debajo de su potencial. Tonterías.

El daño estaba hecho. Para la mayoría un término como ese de recesión es sinónimo de crisis económica, de error de diciembre, de devaluación al estilo ochentero, de derrumbe estilo 2009. Y nada que ver, porque nunca, ni de lejos, la economía mexicana ha estado en esa condición en lo que va de la década.

Por eso es que la encuesta que elaboran de manera conjunta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y el Banco de México, que mide la confianza del consumidor, refleja en su medición de mayo una mejora en la percepción de la condición actual.

Lentamente, los contribuyentes van saliendo del aturdimiento tributario para retomar su vocación de consumidores.

Ante la pregunta respecto de la situación económica en el momento actual de los miembros del hogar, comparada con la que tenían hace 12 meses, son más los que la perciben positiva en la encuesta reciente, en comparación con la medición de un mes atrás.

Cuando se consulta sobre la situación económica del país ahora, en comparación con hace un año, la reacción es la misma, la aceptación de que hoy se ven mejor las cosas.

Pero cuando la pregunta involucra las perspectivas de aquí a un año, tanto en la casa como en el país, lo que priva es el pesimismo. Es un sentimiento negativo que se ha instalado en la mente de los consumidores mexicanos.

Esta percepción corre en sentido contrario a las expectativas de crecimiento para el próximo año de los analistas del sector privado que consulta el Banco de México y que apuntan a 3.8 por ciento.

Incluso, con el pronóstico rebajado a 2.7%, es un asunto matemático pensar que la economía tiene que crecer mucho más para alcanzar esa estimación revisada.

El gobierno prometió no volver a proponer un incremento en los impuestos el resto del gobierno. Hay mensajes todos los días sobre las mejores condiciones económicas, hay datos que avalan muchos de estos discursos.

Sin embargo ya se nos metió en la cabeza que vamos a empeorar. Y ahora hay que salir de ese barranco pesimista de los consumidores.

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