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Prepotencia, impunidad y asalariados
No se trata de propiciar un linchamiento colectivo a un par de mujeres que no son otra cosa que parte de una realidad que negamos, pero que practicamos todos los días.
Son la evidencia de la hipocresía colectiva en la que predicamos una larga lista de valores, pero practicamos toda suerte de contradicciones.
El México del todos unidos por la Selección de Futbol es el país dividido entre los pirruris y los jodidos, los güeritos de los morenitos, la gente bien de los asalariados, los ciclistas que estorban de los automovilistas que necesitan más espacio.
La prepotencia de las Ladies de Polanco no es diferente de la que muestra un político gobernante que manda cerrar las calles de la ciudad para poder circular sin tráfico o las del guarura que se te cierra con su camioneta con luces estroboscópicas para dejar pasar al junior.
Pero tampoco son diferentes del pesero que se te cierra por simple diversión y se ríe porque te enojas o del vendedor ambulante que se pone frente a tu negocio y junto con el policía del cuadrante se burla de ti y tus bajas ventas.
La gran diferencia con las Ladies de Polanco es que quedaron registradas en video y llamaron la atención de la televisión porque en su alegato de borrachas invocaron a los comunicadores que después se encargaron de divulgar su historia.
Apuntemos la mala suerte de estas dos mujeres claramente intoxicadas, pero destaquemos la enfermedad social que están proyectando. La prepotencia y el desprecio que muestran hacia la autoridad es la misma que enseñaron los que dispararon contra el estadio de Torreón. Unas cometen una falta, otros un delito. Los dos desprecian a la autoridad.
La mujer policía que no tiene el valor de encarar la agresión, que deja que un par de infractoras pisoteen la autoridad de seguridad pública de una de las ciudades más grandes del mundo refleja la incompetencia, impericia, falta de criterio y temor de más de un legislador mexicano que se deja mangonear por los intereses de ciertos grupos que manejan sus partidos.
Desde la ausencia intencional de la policía capitalina en Tláhuac, que en el 2004 le costó la vida a dos agentes federales, pasando por el exceso de violencia usada contra jóvenes de escasos recursos del News Divine, hasta el hecho de no detener a dos mujeres agresoras de la autoridad, la muestra es la misma: impunidad, impericia y medición política de la actuación.
El discurso del jefe de la policía Manuel Mondragón de que no actuaron por prudencia es una renuncia a su autoridad, la misma que aplicaron en un intento de linchamiento a mediados de junio en Cuajimalpa. Tiene que ver con medir reacciones políticas, no consecuencias jurídicas.
El episodio deja en claro que del tamaño de la prepotencia es el nivel de impunidad que se consigue. No tuvo la misma suerte un ciudadano nigeriano que fue indirectamente asesinado por un grupo de policías que lo molieron a palos, básicamente por parecer sospechoso.
Pero la peor parte de esta historia está en el insulto elegido por las Ladies de Polanco a los policías. Y no me refiero al amplio repertorio de vituperios que dominan, sino al grito de asalariados.
Usado como sinónimo de perdedores, estas mujeres que hoy sabemos no forman parte de ninguna realeza europea, pretenden ofender a otros seres humanos por alquilar su mano de obra a cambio de un ingreso.
Si de algo estoy orgulloso es de haber estado en esa condición de asalariado desde el inicio de mi vida laboral, porque eso me ha hecho tener recursos para subsistir.
Si algo necesitamos en México es asalariados. Y claro, también empresarios que contraten a esos trabajadores.
Pero una y otra condición no hacen mejor o peor persona a nadie.
Es posible que a estas mujeres lo que menos les importe es saber que los asalariados aportan 47.5% de los ingresos indirectos, vía el ISR, a la autoridad hacendaria, que es una cantidad superior a la que aportan las empresas.
La realidad es que su ignorancia es su problema, su arrogancia y prepotencia, también. Pero no su impunidad, ése si es un problema de todos. No deben ser refundidas en la cárcel, pero sí sancionadas.
Y ojalá que quede claro que ser asalariado no es un asunto de vergüenza, al contrario, es una condición deseable para millones de personas que deberían tener un ingreso y una ocupación para que no anden emborrachándose y dando lástimas en video.