El 18 de marzo pasado, el director general del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud (SS), Ruy López Ridaura, dijo que para atender a los enfermos graves de Covid-19 sólo había 1,284 médicos urgenciólogos, 207 neumólogos y 174 infectólogos. No se refirió al número de intensivistas y neurólogos disponibles, que también son necesarios para cuidar a enfermos graves.

Lo mismo en el caso de enfermeras y enfermeros: la mayoría no están especializados.

La gravedad de la situación la reconoció el presidente Andrés Manuel López Obrador el 4 de abril, cuando aceptó que faltaban 9,000 especialistas para atender a los pacientes graves.

Para tratar de remediar la situación, a los burócratas del Sector Salud se les ocurrió reclutar a médicos generales o especialistas en “áreas no críticas”, tanto desempleados como aquellos que estuvieran laborando fuera del sistema público de salud a fin de que recibieran “capacitación para integrarse a equipos de atención a pacientes graves por coronavirus”.

El propósito era crear “un modelo de atención en cascada” en donde “un intensivista podrá estar a cargo de la atención de 25 pacientes críticos con el apoyo de otros médicos generales o especialistas y el mismo esquema se repita para el caso del personal de enfermería”.

Hasta el 12 de mayo pasado se habían contratado a 44,247 personas, pero de ellas sólo 3,675 son médicos especialistas y 1,502 son enfermeras especialistas. La SS no especificó la especialidad de los contratados.

El viernes pasado, el IMSS informó que contrató a aproximadamente 17,000 médicos, pero ninguno con una especialidad.

Es muy posible que no se hayan aún contratado a los 9,000 especialistas a los que se refirió AMLO porque, o no los hay en el país, o los que hay no están interesados en ser burócratas.

Pensando cómo resolver el problema, a algún funcionario del gobierno de la 4T se le ocurrió invitar a médicos cubanos para ayudar a sus colegas mexicanos, pese a que cuando se le cuestionó sobre el mismo asunto, el 9 de julio pasado, Andrés Manuel dijo que: “No, eso es una volada de nuestros adversarios, que los queremos mucho, pero que son muy mentirosos”.

El hecho es que desde mayo llegaron a México 585 médicos y enfermeras cubanos, la mayoría sin ser especialistas, que además de ocupar plazas que deberían ser para mexicanos, cobran “un sueldo mayor al que percibe un médico especialista mexicano en las instituciones del sector salud”, como lo denunciaron el sábado 11 colegios, asociaciones y federaciones de especialistas mediante una carta dirigida al presidente, a la opinión pública y a la comunidad médica de México.

En su carta, los médicos aseguran que los cubanos no han “representado ningún beneficio para nuestra población” y califican su presencia como “un agravio para el gremio médico, una falta grave en contra de los profesionales de la salud”.

El funcionario que decidió importar a los cubanos olvidó que el gobierno de la 4T no puede darse el lujo de buscar pleito con los casi 300,000 médicos del país, cuyas opiniones son escuchadas por sus pacientes. Grave error.

Habrá que ver si en su conferencia de prensa de esta mañana, AMLO decide seguir el pleito o mandar a los cubanos de regreso a su país.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.