En México y en muchos otros países del mundo, incluidos países “ricos”, la clase media está muy endeudada. Me parte el corazón cada vez que recibo casos de gente que está en una situación desesperada: ya no pueden pagar y están buscando un milagro. Lamentablemente no los hay.

¿Por qué los seres humanos llegamos a esa situación? ¿Por qué nos endeudamos hasta el punto de ya no poder pagar? ¿Tiene que ver con una mala educación financiera? ¿Es culpa de los bancos?

Se han dado muchas posibles explicaciones de ese fenómeno: algunas muy simplistas y otras demasiado complejas. Yo creo que hay muchos factores que se interrelacionan y por lo tanto no es tan fácil explicar. Pero sí nos pueden ayudar a entender un poco.

El primero sin duda es el entorno, que engloba a su vez toda una serie de factores como la mercadotecnia y el fácil acceso al crédito. Todos tratan de vender y una de las formas más sencillas de hacerlo es ofrecer facilidades de pago. Por un lado, los mensajes son “el éxito es tener más” o “esto sólo es para un grupo de gente exclusiva”. En otras palabras, si quieres “pertenecer” al grupo de los “cool” tienes que tener o consumir ciertos productos. Ahora, si no te alcanza: no te preocupes, puedes pagarlo a “meses sin intereses”. Puedes pagar incluso una cena en un restaurante de lujo con tu familia en 6 cómodas mensualidades.

A mucha gente se le hace fácil: “no pasa nada, al fin es sin intereses”. Pero sigue siendo una deuda, un compromiso que tenemos que pagar y que nos resta dinero para otras cosas. Alguna vez conocí a una mujer, madre soltera, que las puras mensualidades sin “intereses” por todo lo que había comprado excedían sus ingresos mensuales. ¿Qué hizo para salir del paso? Contrató un crédito de nómina, con intereses elevados, para poder seguir pagando. Ya tenía la soga en el cuello: ella misma la apretó más. De hecho, este será el tema de mi próxima columna.

¿Qué sucede? Como a las personas se les hace fácil comprar todo a “meses sin intereses” pierden el control. Empiezan a gastar más de lo que ganan y pueden hacerlo porque ese financiamiento les permite usar dinero que no tienen, pero que esperan ganar en el futuro. Algunos pierden el control y ni cuenta se dan. En esto desde luego entra la falta de cultura financiera: es difícil que esto suceda a la gente que tiene un plan de gastos o por lo menos algún tipo de control.

Desde luego, también podemos sumar otro factor que es el mal otorgamiento del crédito. Muchos bancos prácticamente “regalan” tarjetas de crédito a gente que no tiene capacidad de pago, aunque es curioso cómo funciona. He conocido personas que no tienen ingresos y sin embargo han podido sacar tarjetas de crédito a su nombre. Mi madre, que en paz descanse, tenía dos. Pero también hay el otro lado de la moneda: gente responsable, que toda la vida ha trabajado, pero que no consiguen crédito ya que trabajan por su cuenta, no cuentan con recibos de nómina ni otro historial (aunque sí pueden comprobar ingresos con los pagos que reciben en su cuenta bancaria). En fin.

La autoestima es un factor que también puede influir, de maneras distintas. Quienes tienen alta autoestima tienden a confiar demasiado en su capacidad de pago y pueden llegar al límite más fácilmente. Los de baja autoestima, por el contrario, cuando se sienten presionados dejan de esforzarse empeorando aún más su situación.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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