Todas las inversiones, todas, tienen un costo. En algunos casos es transparente y te lo dicen de frente. En otras puedes saberlo, si investigas o si te tomas el tiempo de leer la documentación relativa al producto (por ejemplo, el Documento con Información Clave para Invertir -DICI- que por ley tienen todos los fondos de inversión). Otras veces son costos ocultos (como ocurre en algunas pólizas de seguros) o simplemente, disfrazados a través de una tasa de interés muy inferior a la que se podría conseguir en otro lado (por ejemplo, los pagarés y otros productos bancarios).

En todos los casos, el costo de una inversión va en contra del rendimiento que obtenemos como inversionistas. Por ejemplo, si un instrumento generó un rendimiento de 6% anual y la comisión por administración que se cobra al inversionista es de 2% anual, en realidad recibiremos sólo 4 por ciento. Es decir, la empresa financiera que lo administra se quedará con la tercera parte de las ganancias y eso, sin lugar a duda, es muchísimo.

Lo mismo pasa con un banco. Hoy los Cetes a 28 días están pagando 5.39% anual a partir de tan sólo 10 pesos. Todos podemos invertir en ellos a través de Cetesdirecto y son instrumentos emitidos y garantizados por el gobierno federal. Son más seguros que invertir en el banco. Comparemos eso con la “tasa preferencial” que ofrece un banco grande para inversiones a partir de 2,000 pesos a 28 días: 4.25% anual. La diferencia es más de un punto porcentual que perdemos por no investigar.

A corto plazo eso puede no ser muy relevante: quizá unos pocos pesos. Pero en el largo plazo es bastante importante. No voy a entrar demasiado en números, pero nada más para darnos una idea: si invertimos 100,000 pesos a 6% anual, en 20 años tendremos 302,500 pesos. Pero si esa inversión está sujeta a un costo de 1% anual, nuestro saldo final será de 252,700 pesos, 16% menos. La diferencia es considerable. Y estamos hablando de un costo relativamente acotado.

Por eso es tan importante siempre tener muy claro cuál es el costo asociado a cada producto financiero y cuidarlo mucho. Es una prioridad. Si entendemos cuánto nos afecta, podremos sin duda buscar opciones mucho más eficientes.

Como mencioné al principio, a veces los costos son transparentes, pero hay que buscarlos. Los bancos publican por Ley todas las comisiones que cobran por sus servicios (aunque también, como hemos explicado, hay otros “costos” que se cobran a través de una menor tasa de interés). Las casas de bolsa, los fondos de inversión y las afores también los publican, algunos de manera más transparente que otros, pero siempre se puede encontrar.

En el caso específico de los fondos, éstos suelen tener distintas series según el monto que se invierte, cada una de esas series paga comisiones distintas. Lo malo es que se tiene que buscar el documento señalado anteriormente, en la página de Internet de la operadora o distribuidora. Ojalá se les obligara a publicar esas comisiones de manera más visible para que todas las personas pudieran conocerlas de forma sencilla, antes de tomar una decisión.

Hay otros sectores, sin embargo, en donde todavía queda mucho más por hacer. En el sector seguros, donde muchos planes combinan protección con componentes de ahorro e inversión, los costos asociados no son transparentes porque se refieren a gastos operativos de la aseguradora que están implícitos en la prima que el cliente paga. Están en la nota técnica del producto, la cual no es pública y no se puede conocer o consultar.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com