El populismo económico es inviable en razón de que parte de una utopía: todos tienen derecho a todo, nadie tiene obligación de nada.

Bajo el título de “Populismo mexicano”, Mario Vargas Llosa hizo el domingo una reseña del evento que se celebró en la Universidad de Guadalajara, Desafíos a la libertad en el siglo XXI. Y el mismo tema inspiró el editorial de Enrique Krauze en Reforma.

Con acierto, Krauze refiere que en México “soplan vientos autoritarios” que amenazan el sistema democrático. Por su parte, Vargas Llosa indicó que “el pasado de López Obrador y sus campañas políticas delatan a un dirigente impregnado de populismo que no se ha cuidado en disimular”. El elenco del foro aludido se integró (sic) con “una quincena de intelectuales mexicanos, acaso los más eminentes del país”. Hago notar desde este espacio la omisión en ese elenco de un economista que desde su perspectiva profesional explicara los daños que plantea el populismo para el bienestar material de los pueblos que, enceguecidos por el espejismo, han votado por la ilusión demagógica. Si a Vargas Llosa le despierta inquietud la reaparición “del caudillo tradicional latinoamericano, voluntarista y despótico”, debe cobrar conciencia de que las peores tragedias que el estereotipo puede provocar se derivan del populismo económico. La terrible crisis humanitaria que sufren los venezolanos es atribuible a la política económica, dizque alternativa, que para la desgracia colectiva discurrió la autodenominada revolución bolivariana.

El populismo económico es inviable y disfuncional, porque es una utopía desde su propio fundamento: todo el mundo tiene derecho a todo, nadie tiene obligación de nada. Así, nunca alcanzará el maná de que disponga papá gobierno para derramar urbi et orbi. Como estrategia, el populismo económico se integra de tres “ismos”: inflacionismo, estatismo y dirigismo. En su momento, las traumáticas devaluaciones en que terminaron sus respectivos sexenios populistas Echeverría y López Portillo derivaron del inflacionismo.

Hasta el momento, no se ha manifestado una tendencia inflacionista en la estrategia económica de López Obrador, tal vez porque Carlos Urzúa encabeza Hacienda y existe un banco central autónomo. Pero en el frente del estatismo, el camino es ya recto a la restauración de Pemex y la CFE como monopolios absolutos. En materia de dirigismo, ya se han manifestado intenciones de subir salarios por decreto, en detrimento del empleo y la estabilidad. ¡Aguas!

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico