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Opinión

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Política y desestabilizaciones

Ante el estancamiento actual de la economía de los países centrales es previsible que se produzcan más movimientos sociales contestatarios.

En las revueltas y manifestaciones sociales que se presentan en los países del Norte de África, España, Chile, Estados Unidos, Grecia, entre otros, los jóvenes son los principales protagonistas, sin duda favorecidos por las redes sociales que están al alcance de todos.

Son los más insatisfechos por la imperante desigualdad ofensiva y las condiciones precarias de vida, causadas por factores estructurales y también por la oleada de restricciones económicas en todo el mundo. Ellas conducen a un severo deterioro del crecimiento económico, que afecta más a los desempleados y a la población de ingresos bajos y medios.

Se estima que en Estados Unidos, Europa y Japón se tendrá un largo periodo de estancamiento con un crecimiento inferior a 2%, lo que afectará -por el fenómeno de la interdependencia- a todo el mundo.

Los jóvenes salen a la calle a protestar. No tienen un discurso articulado, pero vendrá. Primero es la emoción asociada a la ruptura y después la razón. Las ideas se encienden unas con otras como las chispas eléctricas.

La explicación es muy sencilla y se llama desigualdad. México es un ejemplo notable. El 10% más rico gana 27 veces más de lo que gana 10% más pobre.

El promedio en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual México forma parte, es de sólo nueve veces. De tal manera que México es tres veces más desigual que el promedio de la OCDE.

Si nos detenemos a analizar el problema de los jóvenes, que representan 25% de la población mexicana, advertiremos que las políticas públicas orientadas a atenderlos son insuficientes. Consecuentemente, muchos de ellos caen en la trampa de las drogas. El 63% de los jóvenes que empezaron a consumir drogas antes de los 17 años lo hizo con inhalantes, lo que demuestra la correlación entre drogadicción y pobreza.

Por ello resulta sorprendente que México no haya tenido como efecto de las revueltas mundiales la propia, como sí sucedió en 1968. Seguramente porque el mexicano es muy individualista, como dicen algunos analistas políticos del país. O simplemente están agobiados con sus propios problemas cotidianos.

Internacionalmente se ha estudiado bastante el efecto social de las políticas públicas contraccionistas. Algunos ejemplos son los siguientes:

1. Un estudio realizado por Jacobo Ponticelli y Hans-Joachim Voth, de la Universidad de Barcelona, reveló que en América Latina de 1937 a 1995 existió una fuerte relación entre las políticas de austeridad fiscal y la inestabilidad social, tanto en países democráticos como autocráticos. También demostró que las políticas de austeridad sacan a más gente a la calle porque es la más afectada en sus bolsillos.

2. Una investigación de Alberto Alesina, de la Universidad de Harvard, reveló que de 1960 a 1985 en 71 países la desigualdad del ingreso se asoció al surgimiento de inestabilidades, acentuándose cuando afectaron aún más a los ingresos de las clases medias.

3. El Fondo Monetario Internacional, en un estudio producido en este año, demostró que de 1970 al 2007 bastó un incremento de 10% en los precios de los alimentos para que se produjeran manifestaciones antigubernamentales.

Ante el estancamiento actual de la economía de los países centrales es previsible que se produzcan más movimientos sociales contestatarios. Ello obligará a buscar salidas políticas y económicas para la recuperación económica.

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