El objetivo primordial del ajuste a la tasa no es estabilizar el tipo de cambio, sino reaccionar al riesgo de que la inflación pueda contaminarse con la transmisión del movimiento del tipo de cambio a precios e incumplir la meta de 3 por ciento.

Durante el 2018 las monedas menos volátiles de países emergentes fueron el baht tailandés, el peso mexicano y el dólar de Hong Kong.

En México, en repetidas ocasiones se expresaron preocupaciones sobre la posibilidad de una fuerte depreciación del peso que terminaron siendo infundadas. Revisemos algunos datos. Son cifras que se refieren al tipo de cambio fix vigentes para cada día hábil.

La cotización promedio en el 2018 fue de 19.24 pesos por dólar (p/d) frente al promedio del 2017 de 18.91 por dólar; es decir, una depreciación promedio en el año de tan sólo 1.75 por ciento.

Si comparamos la cotización “punta a punta” del último día del 2018 (19.66 p/d) en relación con el fin del 2017 (19.79 p/d), el peso se apreció, ligeramente, en 0.66 por ciento.

Considerando el tipo de cambio promedio de cada mes del 2018, los meses con el mayor promedio de depreciación fueron junio, noviembre y diciembre, mientras que los de la apreciación más grande fueron abril, febrero y marzo.

El día de la cotización más depreciada fue el 19 de junio (20.71 p/d), mientras que el máximo nivel de apreciación fue el 19 de abril (17.98 p/d), un diferencial de 15.12 por ciento. Todo lo anterior tomando en cuenta que el régimen cambiario es de libre flotación sin intervenciones directas.

El análisis del comportamiento de la inflación y la política de la tasa de referencia del banco central se complementan con el de los movimientos cambiarios.

Aunque hubo vaivenes a lo largo del año, los precios aumentaron 4.8% en el 2018, una mejora en relación con la tasa de 6.77% en el 2017, pero muy alejada todavía del objetivo de 3 por ciento.

Por su parte, la política monetaria del Banco de México ajustó la tasa de referencia al alza en cuatro de las siete reuniones del año: en febrero, junio, noviembre y diciembre; en cada ocasión con un alza de 25 puntos base para alcanzar la tasa actual de 8.25 por ciento.

La inflación disminuyó fuertemente en los primeros cinco meses del año. La lógica del ajuste en febrero de la tasa por parte de la Junta de Gobierno del Banxico fue precisamente para afianzar las expectativas inflacionarias a la baja. Luego, cuando en junio se dio la mayor depreciación del peso en el año, aumentó la tasa.

Pero recuérdese que el objetivo primordial del ajuste a la tasa no es estabilizar el tipo de cambio sino reaccionar al riesgo de que la inflación pueda contaminarse con la transmisión del movimiento del tipo de cambio a precios e incumplir la meta de 3 por ciento. Ése fue, una vez más, el motivo para ajustar la tasa de referencia en noviembre.

En el 2019, ante la desviación que persiste de la meta central de 3% y la preocupación de que las volatilidades cambiarias —por más reducidas que sean— se transmitan a la formación de precios relativos, la política monetaria deberá ajustarse acordemente.

Lo importante es el anclaje de las expectativas alrededor de la meta de inflación. La estabilidad del poder adquisitivo es particularmente relevante para los estratos de menores ingresos. Ésa es la contribución que debe hacer el Banco de México para el bienestar social que busca la 4T.

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