Los Pocitos de carbón de Coahuila son tierra de nadie. El accidente de Sabinas resulta todo menos sorpresivo, las advertencias de los riesgos aparecían todos los días.

Catorce mineros quedaron atrapados en una mina de carbón en Coahuila. Tres murieron y 11 están atrapados. El secretario del Trabajo, Javier Lozano, interrumpió su agenda para acudir a la zona del accidente.

En el gobierno podrán decir que el funcionario arribó sólo horas después de los hechos. Lo cierto es que el gobierno llegó años tarde a una zona de desastre, Los Pocitos, en Coahuila.

Los Pocitos de carbón son excavaciones verticales que miden de 20 hasta 100 metros de profundidad, en las cuales se trabaja como si el siglo XX no hubiera ocurrido. Los cañones son tan pequeños que los mineros deben laborar agachados durante más de 10 horas, con escaso equipo de seguridad. La ventilación es mala, no hay sanitarios ni salida de emergencia. Son como ratoneras , describe María Ayala, madre de un minero que murió en mayo pasado, entrevistada por El Siglo de Torreón. Su hijo falleció en un accidente que fue normal . Explotaba una mina agotada que se podía venir abajo en cualquier momento. Sólo llevaba un casco y botas. Carecía de protección contra las emanaciones de gases, a pesar de las más de ocho horas diarias que pasaba en el subsuelo. Uno de sus compañeros de cuadrilla, Francisco Castillo, sobrevivió al accidente, pero quedó con una lesión de la columna vertebral que le impide trabajar. No recibió indemnización.

La Cámara Minera de México no menciona el accidente de este martes en su página de Internet. Tampoco tiene una sóla referencia a Los Pocitos. Es normal, hasta cierto punto.

La parte más pujante del sector minero no quiere ser vinculada con un ecosistema del siglo XIX. Son la industria más dinámica de México. Acaban de desplazar al turismo y las remesas para quedar como segundo generador de divisas de México: poco más de 22,000 millones de dólares en el 2010. La cifra será superada en el año en curso.

Los Pocitos son la tierra de nadie. Cuando la Cámara Minera de México habla de mejoras sustanciales en sus prácticas de seguridad tiene razón: la tasa de incidencia de accidentes se ha reducido. Ahora hay 66% menos accidentes que en el 2001. El problema es que sus estadísticas sólo se refieren al sector moderno de la minería. Las cuentas de Los Pocitos se quedan en Los Pocitos.

La coordinación entre las autoridades estatales y federales ha sido nula para resolver esta parcela del Purgatorio. A nadie le interesa realmente.

Las inspecciones laborales han sido un juego de simulación, que recuerda mucho a lo que pasó antes de la tragedia de Pasta de Conchos.

El 11 de marzo del 2010, el periódico La Vanguardia de Coahuila reseñó una visita del director general de Inspección de la Secretaría del Trabajo, Rafael Avante Juárez. No podemos echar las campanas a vuelo , dijo entonces.

Suena rara esa expresión, cuando se trata de un funcionario que describe una zona salvaje, donde el incumplimiento de la legislación laboral es flagrante. La investigadora Cristina Auerbach le explicaba a El Siglo de Torreón hace mes y medio: Las inspecciones se avisan con un día de antelación. Eso les da tiempo de desmontar el centro de trabajo. Cuando llega el inspector no hay nada que ver. Tres horas después de que se van, los mineros vuelven a laborar .

Cuarenta y seis muertos han ocurrido después del accidente de Pasta de Conchos, contando los del accidente de Sabinas de ayer. ¿Cuántos muertos más se necesitan para que acabe la simulación?

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