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Pobre Del Mazo
En su papel de oligarca irrefutable, Enrique Peña Nieto decidió hasta quiénes tenían que dar coaching político a los cinco aspirantes a relevarle como Gobernador del Estado de México. Al líder del Congreso, Ernesto Nemer, lo hizo trabajar con la experredista Rosario Robles; al alcalde de Ecatepec, Eruviel Ávila, con la consultoría de Javier Alatorre, y al de Huixquilucan, Alfredo del Mazo Maza, con Primer Círculo, el despacho de Natividad González Parás y Fernando Lerdo de Tejada.
El juego de la sucesión en el PRI mexiquense comenzó a mediados del año pasado. Del Mazo Maza, después de confirmar las primeras señales que recibió de Peña Nieto, instaló un cuarto de guerra con el director de desarrollo económico municipal, Francisco Javier Sarmiento, el diputado local Enrique Jacob Rocha y el exfuncionario del DDF José Monroy Zorrivas y a su secretario particular, Giovanni Spinello.
Había un quinto integrante de ese grupo de los jueves: el mismísimo exgobernador del Estado de México Alfredo del Mazo González, quien estuvo presente el pasado domingo 20, cuando comenzó el despliegue del plan estratégico en la semana decisiva: el alcalde de Huixquilucan aceptaría una entrevista con Joaquín López-Dóriga y pronunciaría la frase que fabricó su equipo de comunicación: Hoy le digo a los mexiquenses que sí quiero ser Gobernador... .
Fuera de ese plan, Del Mazo concedió una entrevista a un reportero de Estado, la edición local de Grupo Reforma, y al día siguiente ardió Troya. Los fuertes reclamos de los operadores mediáticos del equipo de Peña Nieto al alcalde eran señal de que la suerte estaba echada... hacia otro lado.
¿Los exgobernadores harían valer su opinión? Emilio Chuayffet, experto en la semiótica del poder, no se presentó en la reunión de los diputados federales del Estado de México en la que Luis Videgaray adelantaba -era el miércoles 23- que declinaba inscribirse como precandidato. Estaba claro que el exsecretario de Gobernación tenía en Nemer -quien se formó a su lado como Secretario particular- a su favorito; a esas alturas ya sabían que el quinteto se había convertido en terceto y que a la final se había colado el dirigente estatal del PRI, Ricardo Aguilar Castillo.
Con mayor impulso y capacidad de influencia, también apareció el exgobernador César Camacho Quiroz, quien capitaneó el equipo que promovía al alcalde de Ecatepec... dentro y fuera del PRI. A 72 horas de que el PRI presentara a su candidato de unidad, la posibilidad de que Ávila Villegas abanderara una coalición opositora estaba cercana.
Peña Nieto creyó en el índice de competitividad que construyeron sus estrategas de cabecera. Indudablemente, Del Mazo era el más conocido, pero también el más vulnerable a una andanada de ataques que irían desde la obtención fraudulenta de su maestría en Harvard hasta su pertenencia al clan político que proyectó el profesor Carlos Hank González a escala nacional.
Sacrificar a Del Mazo era lo menos costoso para el Gobernador mexiquense. A lo más, un pleito familiar. En cambio, si dejaba suelto a Eruviel no tendría modo de asegurar los votos en el corredor electoral que va desde Ecatepec hasta Ixtapaluca y pasa por Texcoco, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán y Valle de Chalco Solidaridad, terrenos que el PRI alguna vez dominó gracias a Carlos Salinas de Gortari.
Peña prefirió desafiar a los santones del Grupo Atlacomulco que enfrentar al PRD y a López Obrador en la zona oriente de la entidad mexiquense. Y vacunarse ante las críticas: el PRI del mexiquense -podrá argumentar- está dispuesto a la renovación.
Antes, consumó personalmente la operación política iniciada hace un año. En la casa de gobierno citó -sin acompañantes ni smartphones- a los aspirantes antes citados a una cena de la unidad a la que también acudieron el secretario del Gobierno mexiquense, Luis Miranda, y la alcaldesa de Naucalpan, Azucena Olivares.
Peña Nieto llevó la batuta. Tuvo elogios para cada uno de los presentes y finalizó informándoles que el partido se inclinaba por Eruviel. Todos -salvo Nemer- se expresaron agradecidos por la oportunidad y solidarios con el ungido. Aun así, Del Mazo lucía desencajado, crispado.
Llegó a Toluca con la idea de que sería el candidato , lamenta uno de sus operadores políticos. No estaba preparado para no serlo . Al terminar esa cena, Miranda le ordenó ser quien destapara a Eruviel a la mañana siguiente. Un sacrificio mayor pero también una forma irrebatible de garantizar que actuaría con lealtad y disciplina.
A nadie escapó que en su discurso de declinación, el cual preparó con sus asesores el sábado, muy temprano, Del Mazo deliberadamente omitió referirse al gobernador Peña Nieto. Y usó las mismas palabras que fueron citadas la noche previa, en aquella mesa de seis: Eruviel es la mejor opción para encabezar los trabajos de nuestro partido. Es un hombre de convicciones, de principios, de trabajo... .
Habrá quienes sostengan, que además de César Camacho y Arturo Montiel, detrás de la imposición de Eruviel estuvo Carlos Salinas de Gortari o la jerarquía católica. Lo cierto es que, al optar por el alcalde (ahora con licencia) de Ecatepec, Peña Nieto define el inicio de un nuevo capítulo de la política nacional. Con su historia -mezcla de aquella cultura del esfuerzo colosista y de la trama de la telenovela El triunfo del amor-, Eruviel se estrena como nueva estrella del firmamento priísta.