Quimera: Diccionario de la Real Academia de la Lengua: “Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero no siéndolo”.

Diccionario de Oxford: “Sueño o ilusión que es producto de la imaginación y que se anhela o persigue pese a ser muy improbable que se realice”.

Persiguiendo quimeras es lo que ha caracterizado a este gobierno. Varias son éstas y parten de la añoranza de un pasado glorioso que nunca existió, hacen un diagnóstico equivocado e implican el diseño e instrumentación de políticas públicas que en muchos casos no logran el objetivo planteado o, peor aún, agravan el problema con un desperdicio de recursos escasos y un alto costo social. Destaco algunas.

Una primera es pensar que es posible y hasta deseable regresar a aquella época en la cual en el sector energético sólo podía participar como oferente el gobierno, Pemex en hidrocarburos y la CFE en electricidad. Peor aún, es pensar que la autosuficiencia en materia energética provista por dos grandes empresas gubernamentales a las cuales se les quiere fortalecer su poder monopólico es el sustento de la soberanía nacional y que serán la palanca del desarrollo económico.

En lo que respecta a los hidrocarburos, México no es ni será un país petrolero y menos aún una potencia en el mercado mundial, en donde su participación es relativamente baja (1.7 mbd que produce Pemex dentro de una oferta mundial de alrededor de 90 mbd). Tratar de regresar a esa época que se piensa como gloriosa, no solo es imposible sino, más aún, es ineficiente. Los yacimientos de fácil explotación están en un acelerado declive y Pemex no tiene ni los recursos ni la tecnología para explotar yacimientos en aguas profundas. Pensar que sin la participación privada es posible incrementar significativamente la producción es una quimera. Y, hablando también de hidrocarburos, es otra quimera pensar que la refinería en Dos Bocas, además de ser un proyecto sin sentido, se va a terminar de construir en el plazo programado y al costo original estimado.

Algo similar sucede en energía eléctrica. El presidente vende la idea de que la nacionalización de la industria eléctrica durante el gobierno de López Mateos fue un acto puramente nacionalista cuando en realidad, como lo apuntó Antonio Ortiz Mena en su libro El Desarrollo Estabilizador: reflexiones sobre una época, fue la forma mediante la cual se pudo avanzar hacia un sistema eléctrico nacional integrado y la electrificación de todo el país. El presidente sueña con que es posible regresar a aquella época en donde el único oferente de electricidad sea la CFE; no solo es imposible sino, más aún, no es eficiente. El futuro en generación de energía eléctrica está en el uso de tecnologías eólica y solar y no en la quema de combustóleo y carbón y es evidente que el sector privado lo puede hacer de manera más eficiente y más barata. Negado a ver la realidad, esta es otra quimera.

Otra tiene que ver con la producción agrícola principalmente de maíz. El presidente insiste en que “vamos a producir lo que consumimos” y, más aún, que esto es posible promoviendo la producción en muy pequeñas unidades, con una tecnología tradicional y utilizando semillas no mejoradas (el maíz nativo), todo ello envuelto en el misticismo de que el maíz es sagrado, el “alma” del mexicano. La producción de maíz en este tipo de unidades, el minifundio, es de una tonelada por hectárea, comparada con una de 10 toneladas en la pequeña propiedad privada que utiliza técnicas modernas de producción. No solo es una quimera; peor aún, es garantizar la perpetuación de la pobreza rural.

Twitter: @econoclasta

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.