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Para entender el Mundial: diplomacia deportiva de Qatar

La Copa Mundial de la FIFA 2022 en Qatar está aquí y vale la pena analizar lo que significa este megaevento deportivo para el pequeño país del Golfo Pérsico. En este sentido, es pertinente recordar que este Mundial es la culminación de un plan de diplomacia deportiva bien delineado por el estado qatarí, cuyas directrices no solo incluyen la organización de este tipo de grandes eventos deportivos sino el impulso como un inversor importante en el sector deportivo. Esto incluye tanto la compra de equipos de futbol europeos, a través de fondos soberanos de inversión, como contratos millonarios por patrocinios de Qatar Airways y Qatar Foundation en las ligas más importantes del mundo.
Desde que en 2010 se le dio a Qatar la codiciada sede del Mundial de Futbol el mundo se ha preguntado cómo es que el Estado qatarí ha logrado extender su influencia en el deporte de manera tan notoria en los últimos años. La respuesta a esta interrogante se puede encontrar en los elementos que caracterizan a Qatar como un estado neopatrimonialista. Esto significa, que la línea entre las arcas públicas y el capital privado de la familia Al Thani se difumina, es decir, las ganancias derivadas del petróleo y el gas son invertidas, a través de fondos soberanos de inversión, en otros sectores para diversificar la economía del país y alejarse poco a poco de su dependencia al mismo. De esta manera, Qatar ha reinvertido millones de dólares en el sector deportivo a través del fondo soberano de inversión Qatar Sport Investment.
Si bien la inversión en el deporte internacional obedece a un objetivo de desarrollo interno, esto también responde a un objetivo externo: la proyección internacional de Qatar como un dinámico centro de negocios cuya familiaridad y confianza proviene de su asociación con notables equipos de futbol. Con este propósito, la familia Al Thani ha comprado equipos como el Paris Saint-Germain, con un valor de 130 millones de dólares y una inyección inmediata de 350 millones de dólares; el Málaga C.F, por 36 millones de euros, incluyendo la deuda que acarreaba el club de 14 millones de euros; y están próximos a convertirse en dueños del 21,67% del Sporting Braga en la liga portuguesa.
Asimismo, Qatar Airways ya se ha convertido en un ícono inconfundible en los eventos deportivos más importantes del mundo pues la empresa estatal es patrocinador oficial de la FIFA, CONMEBOL, UEFA, así como de varios eventos de Formula E y del Gran Premio de Qatar de Fórmula 1. Por otra parte, Qatar también se ha posicionado como patrocinador oficial de una gran variedad de equipos de futbol, entre los más destacables se encuentran, PSG, AS Roma, Boca Juniors, FC Bayern München y K.A.S. Eupen en Bélgica.
Todo esto implica, por un lado, que los clubes que son comprados a través de este fondo soberano de inversión o simplemente por miembros importantes de la familia real qatarí, como el caso del Málaga C.F, tengan acceso a recursos económicos enormes pues provienen de la riqueza que produce Qatar como país. A su vez, esto permite que acaten las reglas de fair play financiero de la UEFA, al mismo tiempo que desembolsan miles de millones de dólares en fichajes estrella como puede ser el caso del PSG con Messi, Mbappé y Neymar. Por otro lado, vale la pena mencionar que, si bien la Copa del Mundo de futbol es el megaevento deportivo más grande que ha organizado Qatar, esto no quiere decir que sea el primero. Qatar ha sido sede de los Juegos Asiáticos de 2006, los Juegos Árabes en 2012, el Gran Premio de Qatar en 2021, el Mundial de atletismo en 2019, la Copa Mundial de Gimnasia Artística en 2018, entre otros.
Finalmente, como se puede apreciar, la estrategia de diplomacia deportiva qatarí constituye un plan estratégico a largo plazo, que busca posicionar a Qatar como un atractivo centro de negocios, pero también como un destino turístico en medio de una zona tan convulsa como lo puede ser el medio oriente. En este sentido, es importante que pensemos al Mundial de Qatar, no como un evento aislado, sino como el reto más grande que enfrentará la diplomacia deportiva qatarí y cuyo éxito o fracaso dará pistas del futuro de Qatar como el centro deportivo más importante del mundo árabe.

